
En la segunda semana de Octubre (sábado 14) de 1950 el sol de las brujas alumbra el lento atardecer de un pueblo extremeño más próximo al medievo que al siglo XX.
Todos satisfechos. La jornada ha concluido y se respira alivio ante la proximidad del descanso. Félix, que ha descargado ya en la habitación-bodega, la única con cortina de lona, un saquillo de patatas y una cesta con mazorcas, desviste a Morito de los atalajes; el dócil animal sonríe también, sabedor de que estos prolegómenos son la antesala del pienso, el rebuzno salvaje y la confortable calidez de la cuadra junto a la nueva burrilla toledana.
Josefa, vacía la palangana con la que ha aseado y despiojado a los niños que ya visten la camisola de dormir. Ha lavado la ropa en el baño de cinc y ésta se seca ya frente a la lumbre. Mañana es Domingo y tienen que ir a misa bien lustrosos; aunque va a ser difícil arrastrar a este hombre - maquina la dueña de la casa- siempre tiene una excusa para faltar, y más después de lo de Don Celedonio y el santoral.
Aún quedan cosas por hacer antes de que Félix y Josefa caigan rendidos, o no, ¡vaya usted a saber!, en el jergón de paja: hay que despachar al ganado, ordeñar a Martina (la cabra) cuando vuelva el hatajo comunal, quitarse un poco la mugre, sin desperdiciar demasiado el agua porque la calderilla tintinea ya en el fondo del pozo y la “toñá” este año viene seca.....
Piensa Félix que el afeitado habrá que dejarlo para la próxima semana; si se hubiera desenredado antes se hubiera acercado a la barbería de Honorio, pero se le ha hecho tarde y es una pena, más que nada por su mujer que gusta de acariciarle la cara como cuando novios y porque tendrá que prescindir de los besos de la niña, que huye de su negros cañones como de un erizo. Mientras la mujer prepara algo para cenar se acercará a la taberna de Santiago “El Rano” a trasegar un cuartillo y ver si le puede cambiar por cebollas un poco de aguardiente, que las mañanas empiezan a ser frías.
Entrada la noche vuelve a casa guiándose por el olor de los torreznos y los últimos pimientos fritos de la temporada. Le esperan ya, cuchara y uvas en las manos, alrededor de la cazuela de sopas de tomate. Da la orden de partida: ¡buen provecho!
Estaba por allí el americano -comenta- ese que llaman Don Eugenio, el que nos sacó antes unas fotos; nos ha invitado al vino a todos los de la tasca. ¡Que hombre más raro!. No se le entiende nada, pero él no para de reírse.
Estaba por allí el americano -comenta- ese que llaman Don Eugenio, el que nos sacó antes unas fotos; nos ha invitado al vino a todos los de la tasca. ¡Que hombre más raro!. No se le entiende nada, pero él no para de reírse.
Mientras La Pepa friega, juega con Nino a hacer sombras en la pared a la luz del candil y hace cosquillas a su “perdigoncina”, a la que hubieron de llamar Palmira porque según el cura era el nombre que la correspondía. Les cuenta otra vez lo de las nieves y los lobos que bajaron al pueblo echando espumarajos por la boca y los niños se van a acostar temblando y se refugian, juntitos, en las "cuatro esquinitas tiene mi cama..." y en "Jesusito de mi vida..." para espantar el miedo.
Félix Felipe Carza se sienta en la banqueta, lía un grueso cigarro de la abultada petaca, estira las piernas, carraspea, escupe al fuego y queda hipnotizado viendo danzar las llamas. Mañana -rumía para sí- madrugo y me voy a cortar las calabazas, a mí no me pilla ese tío en la iglesia.
Y el silencio cae sobre las casas que huelen a leña, y la vida se para.... Porque el mundo es muy pequeñito: limita con el río y la montaña; y allá, muy cerca, el cielo se abrocha con la tierra.
Lo que interesa es no perder el compás de las estaciones, del sol y la luna; aprender de los viejos que enseñan en los poyos de la plaza; de los pájaros, únicos viajeros fiables y de las plantas que nos hablan de alimentos y medicinas.
¿A quién puede importarle, en este pueblo y a estas horas, que haya comenzado la guerra de Corea, que Giuseppe Farina haya ganado el primer campeonato de fórmula 1 de la historia, que Richard Lawler haya realizado el primer trasplante renal o que Billy Wilder haya estrenado "El Crepúsculo de los Dioses" y Luis Buñuel, en el exilio mexicano, "Los Olvidados"?. Ni siquiera saben que existe el cine....
¿A quién puede importarle?.
¿A quién puede importarle?.
A mis abuelos, que también fueron sabios y analfabetos.
Jaht