lunes, 15 de junio de 2009

Soledad


En el rincón más escondido del bar lloro tu ausencia. Las luces están sobre el escenario. Nadie me ve.

En este mismo bar, en este mismo rincón, tropezamos hace dos años; tan fuerte, que quedamos encajados el uno en el otro.
Ese fantástico día, cuando ya de amanecida se pinchó la nube de Gin-Tonic en que flotaba, pude reafirmarme en que aquel encontronazo había sido más que afortunado. Tan afortunado que sentí miedo de no estar a la altura y a punto estuve de salir corriendo de tu casa.
Estabas dormida, pero en cada centímetro de tu carne la vida se agitaba. Respirabas imperceptiblemente y el aire viciado de la habitación, al discurrir por el filtro de tu cuerpo, se limpiaba y volvía aparecer transformado en hechizante perfume, que emanaba de las diminutas perlas líquidas que asomaban por los poros de tu piel.
Esta vez recordé el nombre sin tener que registrar el bolso. Siempre bromeabas con el poco mérito de este alarde memorístico:
- Demasiado sencillo, Martín.... Y yo: ¡que no, que me hubiera acordado aunque te llamaras Edelmira!

Sé que ha merecido mucho la pena, que debería ser agradecido, pero no puedo evitar querer más. ¿Qué comen los dioses cuando se acaba la ambrosía?.

Está claro que el amor, este del que se encargan Eros o Cupido, nos convierte en unos putos egoístas. Te das cuenta cuando vuelves a posar los pies en la tierra y ves con otros ojos todo cuanto te rodea. Ahora creo que no nos hizo mejores, simplemente nos embriagó; y esta vez el despertar ha sido cruelmente amargo.
Si estuvieras aquí me dirías como tantas veces:
-¡Ay, Martín!, la filosófica ginebra vuelve a hablar por tu boca. ¡Me encantan tus tristes tonterías!

Aquella noche, 28 de Noviembre como hoy, también tocaba A Contra Blues y decidimos hacer nuestro uno de los temas que la cómplice y sedosa voz de Jonathan nos regalaba. Hoy, esas canciones te devuelven a mí pero no puedo tocarte; esa imposibilidad me está matando.
Estoy muy lúcido... y borracho: es la única manera de combatir la rigidez de los músculos de la garganta, curiosamente he de seguir tragando para no ahogarme con mis hipidos. En mi pecho vacío se está formando una dolorosa bomba de angustia, que cuando estalle ha de encontrar una salida.
Sigo bebiendo. Sigo llorando.

Siempre dijimos que cuando tuviéramos una niña la llamaríamos Georgia para no olvidar nunca que nos abrazamos por primera vez al abrigo de aquella vieja y dulce canción. Sigo en el rincón más oscuro del bar, me he escondido bajo una mesa mientras suena nuestro tema, te prometí que nadie me vería llorar tu muerte.
Te quiero María.




"No hay paz, no encuentro paz
Solo esta vieja y dulce canción
Georgia seguirá por siempre en mi mente
Como una vieja y dulce canción
Georgia seguirá por siempre en mi mente".

Para Jonathan y A Contra Blues.
Seguid en el camino, sin atajos.

Jaht

2 comentarios:

Raúl dijo...

El relato tiene alguna que otra frase, casi diría yo, pasajes, memorables. Buenos de verdad.

mi nombre es Alma dijo...

Poco puedo añadir a lo que dice Raúl, si acaso destacar "esta vez recordé el nombre sin tener que registrar el bolso", rotunda y original manera de decir que uno se ha enamorado.

Gracias por pasarte por mi casa y como regalo de bienvenida un poema de Carlos Marzal en mi voz:
pluscuamperfecto de futuro

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