martes, 25 de agosto de 2009

Viene la Noche. Extremadura 1950.



E
n la segunda semana de Octubre (sábado 14) de 1950 el sol de las brujas alumbra el lento atardecer de un pueblo extremeño más próximo al medievo que al siglo XX.


Todos satisfechos. La jornada ha concluido y se respira alivio ante la proximidad del descanso. Félix, que ha descargado ya en la habitación-bodega, la única con cortina de lona, un saquillo de patatas y una cesta con mazorcas, desviste a Morito de los atalajes; el dócil animal sonríe también, sabedor de que estos prolegómenos son la antesala del pienso, el rebuzno salvaje y la confortable calidez de la cuadra junto a la nueva burrilla toledana.

Josefa, vacía la palangana con la que ha aseado y despiojado a los niños que ya visten la camisola de dormir. Ha lavado la ropa en el baño de cinc y ésta se seca ya frente a la lumbre. Mañana es Domingo y tienen que ir a misa bien lustrosos; aunque va a ser difícil arrastrar a este hombre - maquina la dueña de la casa- siempre tiene una excusa para faltar, y más después de lo de Don Celedonio y el santoral.

Aún quedan cosas por hacer antes de que Félix y Josefa caigan rendidos, o no, ¡vaya usted a saber!, en el jergón de paja: hay que despachar al ganado, ordeñar a Martina (la cabra) cuando vuelva el hatajo comunal, quitarse un poco la mugre, sin desperdiciar demasiado el agua porque la calderilla tintinea ya en el fondo del pozo y la “toñá” este año viene seca.....
Piensa Félix que el afeitado habrá que dejarlo para la próxima semana; si se hubiera desenredado antes se hubiera acercado a la barbería de Honorio, pero se le ha hecho tarde y es una pena, más que nada por su mujer que gusta de acariciarle la cara como cuando novios y porque tendrá que prescindir de los besos de la niña, que huye de su negros cañones como de un erizo. Mientras la mujer prepara algo para cenar se acercará a la taberna de Santiago “El Rano” a trasegar un cuartillo y ver si le puede cambiar por cebollas un poco de aguardiente, que las mañanas empiezan a ser frías.

Entrada la noche vuelve a casa guiándose por el olor de los torreznos y los últimos pimientos fritos de la temporada. Le esperan ya, cuchara y uvas en las manos, alrededor de la cazuela de sopas de tomate. Da la orden de partida: ¡buen provecho!
Estaba por allí el americano -comenta- ese que llaman Don Eugenio, el que nos sacó antes unas fotos; nos ha invitado al vino a todos los de la tasca. ¡Que hombre más raro!. No se le entiende nada, pero él no para de reírse.

Mientras La Pepa friega, juega con Nino a hacer sombras en la pared a la luz del candil y hace cosquillas a su “perdigoncina”, a la que hubieron de llamar Palmira porque según el cura era el nombre que la correspondía. Les cuenta otra vez lo de las nieves y los lobos que bajaron al pueblo echando espumarajos por la boca y los niños se van a acostar temblando y se refugian, juntitos, en las "cuatro esquinitas tiene mi cama..." y en "Jesusito de mi vida..." para espantar el miedo.

Félix Felipe Carza se sienta en la banqueta, lía un grueso cigarro de la abultada petaca, estira las piernas, carraspea, escupe al fuego y queda hipnotizado viendo danzar las llamas. Mañana -rumía para sí- madrugo y me voy a cortar las calabazas, a mí no me pilla ese tío en la iglesia.

Y el silencio cae sobre las casas que huelen a leña, y la vida se para.... Porque el mundo es muy pequeñito: limita con el río y la montaña; y allá, muy cerca, el cielo se abrocha con la tierra.
Lo que interesa es no perder el compás de las estaciones, del sol y la luna; aprender de los viejos que enseñan en los poyos de la plaza; de los pájaros, únicos viajeros fiables y de las plantas que nos hablan de alimentos y medicinas.
¿A quién puede importarle, en este pueblo y a estas horas, que haya comenzado la guerra de Corea, que Giuseppe Farina haya ganado el primer campeonato de fórmula 1 de la historia, que Richard Lawler haya realizado el primer trasplante renal o que Billy Wilder haya estrenado "El Crepúsculo de los Dioses" y Luis Buñuel, en el exilio mexicano, "Los Olvidados"?. Ni siquiera saben que existe el cine....
¿A quién puede importarle?.

A mis abuelos, que también fueron sabios y analfabetos.
Jaht

lunes, 17 de agosto de 2009

Locos del Pelo Verde


Hay árboles, cerca de la cima, que al llegar la noche abandonan su posición vertical y descansan sus nudosas articulaciones sobre la hierba del monte. Yo he podido verlos, pero ya sabía que nadie iba a creerme cuando lo contara.
Sumergen sus largas raíces blancas, manchadas de tierra, en la corriente fresca del riachuelo y suspiran de alivio como hace usted cuando se quita los zapatos. Los otros, los que no se atreven a tomarse estas licencias, les critican y les envidian; los más lenguaraces incluso les han puesto el apodo de rastreros.
No les importa, se lo aseguro; con sus miles de orejas pegadas al suelo, “los rastreros”, oyen amplificado el ajetreo de la vida subterránea y de todos los seres que salen a caminar a la luz de la luna. Distinguen el claqué nervioso de las hormigas del reptar, entre compases de acordeón, de las orugas; los violines del grillo se juntan con el tam-tam de la barriga de las ranas saltarinas y los ronquidos del Diañu Burlón estimulan el terrible apetito sexual de la mantis religiosa. Hasta las pisadas, con sordina, del único e invisible lince son para ellos un redoblar de tambores.
Es muy diferente lo que te trae el viento de lo que cuenta el telégrafo terrestre, yo también lo sé; por eso no pueden evitar tumbarse en cuanto el sol se oculta y en cuanto los vigías de las ramas más altas, que suelen ser rabilargos, dan el aviso de que no hay humanos.
Horas después, las alondras del valle tocan diana y los robles, castaños, almeces y madroños rebeldes vuelven a clavarse perezosamente; a veces han de soportar la incomodidad de un topillo que se ha colado en las vainas radicales, igual que usted aguanta en ocasiones una china en el calzado.
Entre murmullos de hojarasca descubrimos con las primeras luces que un tilo y un quejigo no se han levantado, suele ocurrir, algunos se niegan a incorporarse, llevan hasta el extremo su rebelión y dinamitan otra máxima, la que dice que los árboles mueren de pie. No me diga que no, usted también los ha visto con las raíces al sol…… pero ha pensado otra cosa.

No pregunte por qué no me consideran un hombre, no lo sé, después de todo usted tampoco tiene claro que lo sea. Al menos uno normal; si no: ¿a qué vienen tantas preguntas, tantos apuntes y tantos asentimientos?. No me cree ¿verdad?.... le aseguro que en esta ocasión está equivocado, doctor.
Jaht
A los otros locos verdes. A los ecologistas.

domingo, 9 de agosto de 2009

Agosto

Rebota el sol en las hierbas secas y viene, en invisible lengua de fuego, a lamer el rostro recién lavado, ya sudoroso, dejando llamaradas de luz y un aroma tostado que envuelve la mañana.
Es Agosto.


En los pueblos de España, como si el tiempo se hubiera quedado enganchado por culpa de un grano de arena demasiado grueso, el toro, ayer uro, sigue siendo la víctima y el rey asaeteado (por monárquicos) de las fiestas; como antaño lo fueron aquellos cristianos que se zamparon los leones.
Pañuelo rojo al cuello, bota de vino, camiseta de la Peña Los Borrachuzos, gorra de Piensos Biona y rejones. Cuernos rotos, patas quebradas, miradas de brava humillación, berridos de dolor y muerte. Los dos protagonistas corren por diferentes razones: unos, que miden su modernidad por número de móviles, canales televisivos, piercings y tatuajes, huyen de sus propias y estúpidas circunstancias viendo en el bello animal todos sus problemas, frustraciones y también soluciones; embriagándose con el olor de la sangre caliente y creyendo, como sus abuelos, que los testículos de la fiera moribunda les transmitirán las fuerzas que ellos no tienen para decir ¡no! y para decir ¡basta!. El otro, el noble, brama por calles de asfalto o plazas de piedra, buscando el campo al que sólo volverá en espíritu cuando la tortura haya finalizado.
Es Agosto.

Y aquí andamos, un año más, luciendo palmito por nuestras piscinas y agonizantes gargantas, iniciando la ceremonia del pavoneo, los machos y hembras dominantes, los que desprendemos, como caspa, feromonas en cada movimiento. Nada es nuevo, todo se repite y en la misma cantidad, la lujuria es un pozo artesano de calientes liquidos lechosos y vasos comunicantes: a menos tela más excitación, a más ocultamiento mayor misterio. El objetivo primordial siempre será el mismo, saciar la necesidad. Huele a piel y deseo.
Es Agosto.


En los campos de La Vera extremeña, entre surcos de tabaco o pimiento exprimen las horas tórridas los morenos jornaleros de hoy, algunos bajo el látigo de jornaleros de ayer. Sin piedad, sin solidaridad, todos pensando en lo mucho que damos y en lo poco que recibimos.
Al fondo de la senda un botijo espera para inyectar con urgencia en los ríos del sudor aguas frías que no llegan a salarse por su breve estancia bajo la epidermis.
Es Agosto.


Y mientras unos trabajan, la mayoría descansan. Aunque hablar de descanso en un pais de dos millones y medio de funcionarios y cuatro millones de parados suene a burla y casi a provocación. Aún así, el que está de vacaciones y sentado exige al que camina o está de pie, por el precio de un café, caña o vino, cosas muy españolas: complicidad en la desaparición de pruebas (traslado de dodotis a la basura), participación democrática en la alimentación de los retoños patrios (calentar potitos), información fidedigna (periódicos afines), colaboración en el desatasque de muelas y limpieza de piños (provisión de palillos), sesión gratuita de psicoterapia (escuchar sonriente, otra vez, el chiste del francés, el inglés, el español y...), breve manutención (regalo obligatorio de pinchos y aperitivos), váteres relucientes (para darse el gustazo de ensuciarlos), optimizar la inversión (llevarse un tenedor o un cenicero), ..... Para acabar pidiendo el Libro de Reclamaciones porque le ha parecido excesivo que le cobren 1,20 €.
Es Agosto.

Por suerte, algunas veces, cuando el calor comienza a ser insoportable y amenaza con derretirnos, nos montamos en una voluta de humo fresco del recuerdo y volvemos a nuestra infancia: a la sombra de la higuera, al arroyo con libélulas, a las siestas y a las primas, a la gaseosa en el fondo de la bodega, al gazpacho de la abuela, sin hielo, y con una punta de albahaca, a las callejuelas de rollos y de hierbas, a los peces que limpiaban nuestro cuerpo de células muertas mientras flotábamos en el Charco La Presa......a aquellos días en que estábamos todos.
Entonces un trueno nos devuelve la realidad y nos damos cuenta de que el sol se ha ido, que el viento sopla y que las nubes se han hecho dueñas de la tarde. Minutos después descarga la tormenta y volvemos a ser niños que miran por el cristal.
Es Agosto.
Jaht
Para Rocío que desde hace 22 años es la casa, el roble y la fuente de mis agostos.

domingo, 2 de agosto de 2009

Terrazas


Once y treinta de la noche en la terraza de Freddo, en la única compañía de mis muchas cervezas, espero algo que ha de suceder por vez primera. Entretanto veo y escucho.
Miro a la gente moverse por pura inercia y oigo todas las pequeñeces que se dicen cuando hay miedo al silencio; éste nos enfrenta a la verdad y a casi todos nos interesa poner tierra de por medio.

Hace tres meses era una niña la mujer que acaba de pasar por mi lado. Entonces era ella quien miraba, hoy ha decidido que los demás deben mirarla.

Un grupo de quinceañeros juegan a ser mayores: alzan las voces, escupen y fuman arrellanados los ocho alrededor de una mesa y de cuatro Sandys; ¡quieren huir de la inocencia!.

El chico gordo, complaciente y que nunca se come una rosca manosea una botellita de agua, mira el reloj y pierde sus ojos en el final de la calle ante el disgusto del mozo de terraza que sufre en silencio el desaprovecha-
miento del velador.


Dos matrimonios que no son ni jóvenes ni viejos, ni todo lo contrario, hablan de lo infelices que son los demás, buena fórmula para olvidar su estúpida realidad.

La chica del cuarto de hora vuelve a mariposear ante mis ojos. La veré otras cuatro veces antes de irme a casa.

Me he convertido en invisible cuando eran aproximada-
mente las 24 horas. Científicamente no voy a poder demostrarlo pero lo cierto es que seis personas, de distintas edades y que en su día me apreciaron, han pasado delante de mí ignorando mi presencia. No les habrá gustado mi sonrisa de falsa condescendencia.


Una pareja juega a enamorarse y entre pensamientos profundos, tanto, que se pierden en la más silenciosa y densa oscuridad, se obsequian con apretones de manos; alumbrados por tiernas miradas y furtivos besos. Los envidio, pero me gusta más cómo se cortejan las palomas, son más naturales.

Dos centauros toman sus cervezas y hablan de cilindros, precios y velocidad punta. Tras la consumición se acoplan en su montura y cabalgan hacia el próximo garito en el que hablarán muy solemnemente de velocidad punta, precios y cilindros.

Tres señoras de edad, es decir, tres viejas, pasean, murmuran y lanzan miradas reprobatorias sobre quienes ocupan las mesas. Si lleváramos a cabo la mitad de las cosas que imaginan, esta noche batiríamos todos los récords pecaminosos, imbatidos desde aquello de Sodoma y Gomorra. ¡No nos caerá esa breva, doña Urraca!.

El chico gordo, complaciente y perseverante ha conseguido cambiar su soledad por unos refrescos de su pecunio, donde se ahogan con cara de hastío unas primas pijas de Madrid. El camarero ha relajado un poco su semblante.

Más allá, en la mesa 7, se apagan los últimos rescoldos del gran romance del pasado verano, aquel que dió tanto de qué hablar, aquella pareja simpática, ideal y perfecta.... Celebran su aniversario y su despedida noqueados por la zarpa violenta del desamor.

Dos de la madrugada, en la terraza de Freddo, un día más pierdo la esperanza; lo que haya de suceder no será hoy. Llego a la conclusión de que el mundo podrá seguir funcionando sin mi presencia activa.
-¡Cóbrame Jose!, son diecisiete.
¡A la cama!, que ya es hora de intentarlo al otro lado del espejo, en el mundo de los sueños.

Jaht




sábado, 25 de julio de 2009

Estrella Roja

Salamanca, 1970.
Primeros de Noviembre, cuatro de la tarde de un sábado con olor castañas asadas, falta poco para que el Padre Ignacio dé comienzo al partido que enfrentará al Estrella Roja con el Torpedo de Moscú que, por otra parte, sólo es el anticipo de una esperadísima película del Gordo y el Flaco.
Por una esquina de esta alineación andaba el que suscribe con ganas de cincelar su nombre en los anales del seminario, no precisamente en la lista de los temerosos de Dios, si no en la de los delanteros más temidos. El resultado de aquel encuentro no debió ser tan decisivo, como hacían presumir el rigor y la seriedad de los prolegómenos, pues no lo recuerdo. Será curioso recuperar la información en ese último minuto en que dicen pasa por delante, cual moviola, todo lo vivido con pelos y señales.

De alguno de mis compañeros de juego llegan volando el nombre y sus dos apellidos, de otros sólo el nombre o sólo el apellido, tres de ellos han quedado desnombrados; así pues deduzco que estos últimos eran los más discretos y los que menos tiempo tenían el balón en sus pies; les debo una cien millonésima parte de segundo en el repaso final.
En la hazaña que protagonizamos aquella tarde, la épica no debió aparecer en suficiente cantidad para unir por siempre nuestras vidas (imagino que lo mismo les pasó a los de la "tomadura" de la Isla Perejil) pues sólo a uno he vuelto a ver, un día, con el paso de los años: mi primo A. L. B. que vino a hacerme saber que por fin había triunfado: era un ejecutivo agresivo comprador de basura (literalmente), un adelantado a su tiempo.

Lo que fue de Epifanio, Juan Bueno Paredes, Miguel Vadillo, Eugenio, Plaza, Llave y los tres tímidos (observad la posición de sus cabezas) tras cerca de cuarenta años, es un misterio para mí pero como imaginar no sólo es reconfortante, también económico, me permito el lujo:
Tirando de estadísticas puedo casi afirmar que uno de ellos, creo saber quién, tiene una orden de alejamiento de su ex-mujer a la que golpeó con un jamón piornalego; otro estará felizmente casado con su novio de toda la vida, al que conoció en el cuartel Granada 34 de Huelva; la hija del capitán del equipo es posible que sea la endiosada cirujana que te operó de almorranas; Vadillo tenía desparpajo y sinvergüencería, hoy día puede ser un constructor exitoso; en esta estampa sepia seguro que había también un futuro cura y otro guardia civil, su estrato social lo aconsejaba; y los que quedan es fácil que se dedicaran al funcionariado, a la política o a las dos cosas a la vez.
Yo, el extremo izquierdo, como ya bien sabéis intento destacar en varias áreas que desarrollan conocimientos y experiencias en el campo y en el negocio del ocio, sin olvidar la faceta científica que busca mejorar la interrelación restaurador-poseedor de euros y las variables precio-calidad; doctorados que me obligan a rechazar el interés de las universidades por mis tesis y conferencias si quiero seguir haciendo lo que realmente me gusta: poner vinos, cervezas y cafés.


¡Tanto penar para morirse uno!, que diría Serrat.

A los de la foto, que no queríamos creer entonces en las razones de Peter Pan.

Jaht

jueves, 16 de julio de 2009

Rayan

No llegaste a ver la luz del día, porque esa claridad que percibías era la del túnel que une la vida con la muerte. Te quedaste a las puertas del beso y del abrazo, del calor del sol y del aire que acaricia. El nido que te acogió durante dos semanas nada tenía que ver con el vientre cálido de la breve maternidad de Dalilah, ni con las cunitas de madera, estampadas con caballitos y con balancín que esperaban en las humildes casas de tus sufridos abuelos.
Tú, inocente copito de vida, eres la última prueba de la inexistencia del Dios justo y bondadoso que predican los tuyos y los míos; la triste constatación del hombre imperfecto y la cruel certeza de que la suerte y el destino amable huyeron siempre de los más necesitados.
Te has perdido: el amor y la guerra; la lluvia purificadora y el fuego inquisitorial; los balsámicos cuentos y la áspera realidad; el juego y el trabajo; el placer y el dolor; la pena y el júbilo.... Se te perdió la existencia, te la extraviaron. Nadie supo ayudarte a encontrar el camino de regreso.

Y al igual que hacía Saturno con sus hijos, a tí te devoran ya muertecito, los periódicos y canales de televisión. No les importa que sólo peses dos kilos y que los que te quieren corran despavoridos con una cajita blanca entre sus brazos, sin poder gritar ya porque sus gargantas están secas; desesperados, sólos y abandonados en medio de la multitud.
Dicen que eres noticia, ¡en eso te han convertido!. Hasta los reyes te mandan aviones, quieren fotos contigo antes de que traspases las verjas del limbo. Son los mismos que vierten a tu gente, a nuestros pobres, en pateras carcomidas en medio del océano, con la esperanza de ingresar divisas para forrar con oro sus palacios y las cancelas de sus fincas de recreo.
Eso también te lo has perdido Rayan: la soberbia suya y la ignorancia y estulticia nuestra que alimentan las desigualdades y el hambre con el beneplácito de todos.
¡Quién sabe!, lo mismo no eras tan cándido como imaginamos y has decidido que este mundo al que habías llegado por brutal cesárea no te interesaba y has elegido dormir para siempre al lado de tu madre; nadie ha establecido la edad de la sabiduría.


Sea lo que sea, Rayan, copito desecho de vida, nos queda de tí lo más sólido y duradero: el recuerdo. Tu padre, Mohamed, no caminará eternamente solo porque algunos te hemos conocido y apreciado. Duerme.

Rayan murió en Madrid el Lunes 13 de Julio (dos semanas después de que lo hiciera Dalilah, su madre, de veinte años) por un terrible error médico.
Jaht

miércoles, 8 de julio de 2009

Don Fernando Fernández de la Fernandera

Arrastrando su bien merecida y trabajada fama de sabio despistado, al modo en que un niño "golfete" e indolente remolcaría un juguete de madera, entró Don Fernando en el casino de la capital de la Vera siendo las doce y cuarto del mediodía.
La táctica, una vez más, había resultado: ya le esperaban el ínclito Juan Román, el mejor pintor sin duda de su pequeño pueblo y el fiel pagano.... ¡vamos, el señor este del municipio aledaño! , y no es que no queramos acordarnos de su nombre, es que el personaje que nos inspira el relato tampoco lo recuerda.
Para mí siempre será: "mi buen amigo"-solía decir el escritor (copiador para algunos)-.

Y a fe que les procesa devoción( "mi buen amigo") pues lleva meses haciéndose cargo de los aperitivos de tan ilustres autoridades del saber; faros culturales según su humilde opinión.
-Y bien, maestro Román, cómo van esas subvenciones - inquiere a modo de saludo nuestro protagonista-

-De eso precisamente quería hablarte Fernando. Necesito tu intermediación. Mi último proyecto, ya sabes la exposición de la escultora madrileña, ha topado con la insensibilidad de la secretaria del Consejero. Fíjate, no entiende la partida que se refiere a los tres mil euros para peanas. ¡Qué duro es bregar con la ignorancia y la incompetencia!. ¡Ahí, en el suelo, quieren ellos el arte y no en lo alto de un pedestal!.


-Comparto tus anhelos y me hago solidario de tus quejas, pero no desesperes. En lo que a mí respecta haré cuanto esté en mi mano - dijo, llevando la misma, armada con un palillo, a la tapa de magro más tentadora. Olvidado ya, para siempre, el lamento del "pincel verato"-

El nieto de Don Fernandazo, Fernandito fue su padre, es un hombre de su tiempo y por tanto cree en la genética, a eso atribuye su sordera intermitente y el buen estado de sus papilas degustativas y presume, como sus antecesores, de ser un estudioso de las vertientes artísticas insertas en los buenos caldos y en las delicias culinarias. Eso sí, en cantidades medidas, más próximas a la frugalidad que al hartazgo: "....la fábrica de las ideas comienza en la oficina del estómago".

-Por eso queridos amigos- pontificó- los acuerdos que mueven el mundo, las grandes decisiones, los estratosféricos contratos... pasan indefectiblemente por el lomo de una tábula bien pertrechada de cautivadoras viandas y preñada de esencias líquidas y volátiles, capaces de ablandar los más rocosos principios y dinamitar las más encastilladas voluntades.


-¡Camarero, por favor, este discurso merece otro refrigerio!; otra de lo mismo y lo anota en mi cuenta -apuntó el hombrecillo sin nombre al impertérrito cantinero, que sin necesitar de esta última precisión, ya había colocado los tres palotes al afortunado y satisfecho interlocutor de los dos artistas-

-"Mi buen amigo", ¡qué sería de nosotros los creadores, los guardianes de las milenarias costumbres y culturas sin el beneplácito de seres agradecidos y hombres de bien como usted! ...y si no es abusar de su generosidad añada a la comanda una racioncita de pulpo que tiene muy buen ver.


-¡Faltaría más, pase la orden a cocina, Sebastián!


En pláticas y "Fernandólogos" similares se hicieron las dos. Nuestro hombre recogió su portafolios y rechazando caballerosamente la última invitación se despidió de sus contertulios, más bien oyentes:


-Señores, el deber y el respeto que le tengo a mi esposa me reclaman. En mi casa, en el templo de mi familia, la mesa comienza a servirse a las catorce treinta. Sólo una vez en los últimos veinticinco años, el día de la muerte de mi madre, nos hemos saltado dicho precepto. Siento privarles de mi presencia. ¡Au revoir! -y salió precipitadamente haciendo una graciosa inclinación de cabeza-

Huelga decir que en su faldriquera tintineaban las mismas monedillas de la mañana, alegres por continuar juntas, cultivando ya una larga y cálida amistad.


Lo que cuento tuvo lugar instantes antes de que el barman del rostro impenetrable, el marido de la modelo, tomara esta instantánea de Don Fernando en situación más que apurada.



Gracias a Helmut Newton por su colaboración
Jaht

miércoles, 1 de julio de 2009

Buenos Aires. Principio y fin de siglo.






Freddy Flores:


Y Freddy aparece en Buenos Aires para comenzar el primer día del resto de su vida. Una vida que aspira a mejorar. Es joven, tiene fuerzas y ganas de luchar por los suyos, los que quedaron allá en aquella tierra ingrata y estéril que no da pan a sus hijos.
No importa que su primera aproximación al extrarradio bonaerense sea una triste incursión en un garito en el que la grasa está instalada como elemento arquitectónico. No importa que arrastre los grilletes de la ilegalidad que le condenan a ser persona de categoría inferior. Cuentan que algunos paisanos suyos hicieron plata, y mucha, en Buenos Aires. El, será uno de ellos. El, alcanzará la meta de la dignidad y cuando reclame a su familia habitarán un adosado y a su mujer la llamarán doña Charito.

Enrique:

La vida es dura, también para Enrique, el jefe. Amarrado a su parrilla, aguantando los salivazos de bilis de parte de la clientela. Está cansado, tiene ganas de salir corriendo pero aún le quedan unos años para poderse retirar y la situación de emergencia de la nación no invita a heroicidades. Sabe muy bien lo que está pasando, se veía venir. Algunas cigarras flotan ya calle abajo, las hormiguitas como él guardaron para un invierno largo y nadie va a arrebatarle lo que es suyo.

Rosa:

Y entre los embates del mar embravecido, caminando sobre las aguas, viene Rosa, la frágil mujer envuelta en pétalos de acero. También sobrenada las inmundicias, los desamores, la soledad....pero todo deja marcas; algunas forman pulseras en sus muñecas.
Ejerce de todo lo que no es: madre, amante, amiga...Demasiado equipaje para un alma transida.

"El Oso":

Atraídos por el olor de la fritanga, como polillas suicidas, no se despegan del bar clientes como "El Oso", taxista pendenciero que manotea desesperadamente para no hundirse con su crisis económica y personal. Huraño y desesperado, El Oso, no encuentra salida a su situación, dentro de nada será uno de esos insectos cantarines que Enrique ve bajar calle abajo. Paga su mal humor con todos y su crédito se ha agotado.

Coda:

Sólo hay algo más inquietante que el propio antro, recinto convertido en reloj de arena, es la lúgubre calle donde se desgranan los perdedores cuando baja el cierre el local de la parrilla.



Adrián Caetano dibujó en el otoño del 2002 su película Bolivia, en la pantalla del Cine Avenida (Cineclub El Gallinero), con lápiz negro y con tinta caliente de las Venas Abiertas de América Latina.



Jaht

viernes, 26 de junio de 2009

Cecilia


M
ientras yo me afanaba, recién llegado el 26 de Junio, en hacer creer a tu hermanito Ismael que un ciempiés, sin zapatos ni calcetines, cosquilleaba su espalda, y que esas caricias se convertían en colibríes enanos que, divertidos, tiraban de sus pestañas invitándole a dormir; tú, Cecilia, entrabas en nuestras vidas a través del teléfono de la abuela Rocío que nos radiaba tu aparición tras un cristal.


Ibas a venir dentro de seis días pero has decidido adelantar tu viaje y bien que te lo agradecerá tu madre, la pobre, que en estos primeros días del verano cortaba el aire denso a machetazos para que tú respiraras partículas frescas y ligeras.


Me dice la abuela que eres muy bonita, con la piel sonrosada, rubieta, la carita redonda y que agarras el dedo de tu padre como si quisieras incorporarte y salir corriendo del hospital. No te impacientes Cecilia que todo se andará.
Como sé que no os dan al nacer libro de instrucciones, que tampoco estaría de más, el que te escribe, que como buen abuelo es un poco "pesao" con esto de los consejos, te pone sobre aviso:

  • Cecilia, la vida hay que beberla a sorbitos y saborearla, nada de atragantarse.
  • El amor, el que damos y recibimos, es el fuego que nos calienta. Sin él, los seres humanos se transforman en estatuas de hielo que caminan.
  • El mundo es muy grande y no todos los niñ@s tienen tu suerte. En algunos sitios, por desgracia, es imposible que traigan algo bajo el brazo. No nos importa que hayas perdido tu pan, pero no olvides la conciencia.
  • Los que te queremos y te esperamos, Cecilia, no somos mala gente pero seguro que nos harás mejores.
  • Ese niño tan guapo que mañana te cogerá la manita y te mirará con timidez es tu hermano. Los dos estáis en el mismo camino y los dos váis al mismo sitio. Permaneced juntos.
  • La Vera, no está mal para crecer, aunque algunos de tus vecinos están empeñados en empeorarla. Ya nos ayudarás tú a evitarlo.
Y como no quiero que me confundas con el Cebolleta del Pulgarcito ya me callo.

Te imagino satisfecha tras haber encontrado el tibio pecho de mamá Silvia. Luego habrás subido a tu nube de algodón, te habrán acunado al mismo compás de las olas del cálido mar en que has navegado nueve meses y habrás soñado que duermes bajo árboles que abrazan, a la orilla de ríos de leche, deseando que llegue el día para ver en qué isla paradisíaca has desembarcado.

Y mira por donde la tecnología, que algo bueno había de tener, te trae con nosotros y te acerca a tu hermano que esperó como un hombrecito para darte un beso y un regalo.

¡Felices sueños mi niña y dulce despertar
! Jaht

Para Silvia y Luismi por hacernos más jovenes y más abuelos y para Ismael que seguirá siendo por siempre príncipe republicano.

miércoles, 24 de junio de 2009

Selena


Selena, quién diría que hace unas horas flotabas como un buzo antiguo o un cosmonauta moderno, y enanito, dentro del vientre de tu madre. ¡Ya estás aquí!, la espera ha merecido la pena; y ahora a lo tuyo: a ensanchar los pulmones, a gritar y a descargar energías, que nueve meses de paz interior recargan mucho las pilas.
Veo que traes los ojos abiertos; tienes ganas de aprender deprisa y nos vendrá muy bien tu sabiduría porque aunque tengas la impresión de haber aterrizado en un mundo de seres inteligentes, a lo más que llegamos es a “listillos” y así nos va.
De momento tú vas a ser una niña muy afortunada porque estás rodeada de gente que te quiere y que va a procurar que no te falte de nada. Incluso los que vivimos lejos, en Extremadura, encauzaremos juntos nuestros mejores deseos y te los enviaremos a lomos de una cigüeña, de confianza, que los descargará sobre el tejado de tu casa. Tú sólo vas a notar una ligera y fresca brisa en tu mejilla, pero detrás estamos chistando discretamente, con un dedo sobre los labios: tíos, primos y abuelos.

Aunque nos pasamos la vida, los veteranos, los que llevamos mucho tiempo aquí, diciendo que luchamos por un mundo mejor, lo cierto es que no lo estamos haciendo demasiado bien y quedan muchas cosas por arreglar; casi todas. ¡Pero quién soy yo para pasear, en un día como hoy, una sola nube gris sobre tu cabecita!
Precisamente tu nacimiento y el de los otros 250.000 niñ@s de este 23 de Junio son nuestra mayor esperanza, porque en algún momento habrá un cambio de conciencias que coincidirá con la llegada de seres nuevos y generosos, entonces: el sol alumbrará más que nunca, sin quemar; los ríos recuperarán peces y aguas cristalinas; los árboles volverán a ser reyes y sus poderosas raíces convertirán en tierra fértil estructuras de hormigón; el aire volverá a ser invisible y las etéreas fragancias, de colores; la nieve caerá empapada en sabores de fruta y el mar y las montañas volverán a ser únicas moradas de los dioses, demasiado problemáticos para vivir entre los hombres sencillos.

El haber nacido en el día más largo del año os da un plus de credibilidad, pues la intensa luz, tal vez posibilite que quede encendido un rincón de sol en vuestras cabezas; y estamos faltos de personas clarividentes.

También sabrás, Selena, que muchas culturas consideran mágica esta noche del solsticio de verano, tu primera noche, la noche en que aún no has cumplido un día, la noche de San Juan, la noche que te corona reina y diosa de tu casa. La noche en que la Luna, más ligera que nunca, pasea arrastrando con elegancia un manto de estrellas; algunas caen como polvo de oro: marcan tímidamente tus cejas, dan brillo a tus labios y untan tu naricita. ¡Bienvenida!


A los padres, abuelos y tía más ilusionados del mundo:Juanito, Genoveva, Yiyi, Eva y Amaya.
Suerte para convertir a una diosa en buena persona.





Jaht

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