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domingo, 17 de octubre de 2010

Otoño


Aquellos días eran livianos y tranquilos, el otoño llegó de puntillas. Una tarde cuando paseábamos por el camino de las Majadillas arrojó sobre nuestras nucas un puñadito de brisa y al volvernos escalofriados supimos que estaba escondido tras cualquiera de aquellos robustos castaños. Quisimos pensar que sonreía. Porque en aquellos momentos, con el corazón en calma, nosotros no podíamos imaginar el desasosiego de quienes se hunden en las hojas muertas, ni pensar que el viento y los aguaceros pudieran nada contra nuestro hogar de roble y de piedra.

Más tarde, al bajar del monte, vimos gente que miraba las nubes con angustia, convencidos de que allá no se ocultaba ningún Dios amigo; oímos ulular a niños sin madre, desnudos de amor; supimos de apasionados que cambiaron besos por cuchillos y de hombres que campaneaban entre higueras amarillas. Fuimos conscientes, a la par, de que éramos las únicas flores vivas en aquel  erial y no pudimos sentirnos afortunados. Entonces, en silencio, nos arropamos con un abrazo, temiendo ahora sí, la llegada del invierno.
Jaht

Para Rocío, el otro croco.

lunes, 3 de mayo de 2010

El Hombre del Pelo Blanco

 Aquel día,  después de años,  juntó fuerzas para no seguir aplazando el encuentro con el hombre del pelo blanco.  Se enfrentó decidido y clavó sus ojos en los de él,  que se mostraron huidizos en el primer embate,  para tornarse duros e inexpresivos a continuación.  Supo que no iba a ser tarea fácil penetrar,  y bajó la cabeza repensando una estrategia.  Cuando la levantó,  desafiante,  advirtió una mueca parecida a una sonrisa resignada y por esta grieta coló su primera pregunta:  "¿Quién eres?".
El esclerótico rostro,  sucio de barba,  de aquel triste despojo  tardó una eternidad en recibir la orden cerebral para movilizar los músculos faciales,  aunque sólo pareció obedecer el orbicular de los labios que musitó un casi inaudible:  "Tú deberías saberlo".   La mirada,  esta vez,  se hundió en el bisbiseo y el reconocimiento de la voz le trasladó  a unos tiempos remotos,  vividos o soñados:

Allí estaba un agitado Ricardo dando ordenes y corriendo de un lado para otro,  atendiendo llamadas de teléfono,  soportando a la abuela,  que intentaba anudarle la corbata,  y dictando una carta a su secretaria.  La empresa surcaba los mares,  más a ritmo de lancha de motor que de velero y no podía descuidar el pilotaje ni siquiera el día de su boda.  En los cuatro lustros vertiginosos que sucedieron se le pudo ver apareciendo feliz,  por una exitosa venta,  dos días después del nacimiento de su hija;  llegando irritado al cementerio,  reprochando a su padre que se hubiera muerto en momento tan inoportuno;  dejando que su mujer se divorciara por carta y con su abogado;  olvidando el cumpleaños de su madre y traspapelando el número de teléfono;  en definitiva,  borrando con dinero el nombre de todos los afectos que interferían en su vida.... Una de sus pocas noches desperdiciadas se había sincerado con un camarero y había intentado explicarle lo maravilloso del poder,  de su erótica,  para acabar diciéndole:  " Pobre currito,  es inútil,  tú nunca sabrás qué es eso,  no hay nada comparable". Pero el camarero,  saltándose la profesionalidad,  respondió:  "  Usted no tiene nada con qué comparar,  aunque no lo crea es más pobre que yo".

El que interroga sabe que aquella sentencia del filósofo de la barra quedó dentro de su interlocutor,  como una espina,  al principio indolora,  después molesta,  para terminar siendo una úlcera sin cauterización posible,  por más alcohol que echara a la hoguera de las evocaciones; ¡cómo escuece la verdad!. Recuerda también que Richi (como siempre le llama mamá Clara),  había vuelto al Café Uzala tres años después a exigir una disculpa o a buscar una respuesta,  pero el mozalbete irrespetuoso había volado,  ni siquiera le recordaban.
En la mañana del cara a cara,  antes de que un timbrazo indicara el inicio de la cuenta atrás,  una nueva pregunta,  sin respuesta,  desencadenó un torpe y desamparado llanto que terminó en grito desgarrador,  que bien pudo haber sido terapéutico y purificador de no haber escrito ya el amanuense del destino,  con sangre indeleble,  un nombre y una fecha.

 El individuo canoso,  hace poco joven,  tiene los hombros y el tronco hacia adelante,  de manera que sus brazos cuelgan lasos cerca de las temblorosas rodillas;  entre los dedos pendulea un telegrama. Arrastrando los pies por los interminables pasillos,  vuelve otra vez frente al espejo con la robótica serenidad de los zombies y arroja,  con sorprendente fuerza,  la máquina de afeitar, pasando de una sola e inmensa soledad a decenas,  puntiagudas,  que se multiplican por todo el cuarto de aseo. Se agacha y despacio toma una de ellas entre sus manos,  deja caer la bata,  enciende el canal de Música Clásica y se introduce en el jacuzzi,  dispuesto a darse un baño caliente y a dormir,  por fin,  el más dulce de los sueños.



Para mi hija Silvia que ha cumplido años, pocos. Con la certeza de que sus buenos sentimientos la marcarán siempre el camino.


Jaht


jueves, 18 de febrero de 2010

Abéstola

 
La misma noche que salgo para siempre de tu vida, entre expulsado y liberado, la encuentro evanescente y desvalida en plena calle, cerca de un esputo, sobre media cuartilla de apretada cuadrícula. Afectada por la húmeda neblina se distingue: borrosa, con andrajos de escritura de lápiz de color rojo, semienterrada bajo una hoja de falso platanero, la palabra abéstola. Hay algo atractivo, tal vez la fluorescencia de su pintura o lo desconocido del nombre, que me hace guardar el papel a pesar del serio noqueamiento que me obliga a patear la ciudad sin rumbo.
Sé que tú no estás mejor y te estás reprochando también el tiempo perdido y lo que ya no podrá ser; porque en quince años hemos visto juntos pasar demasiados trenes y sólo hemos tomado este último, el del adiós, el que nos deja en un apeadero que se llama realidad, frío para nosotros que hemos vivido casi siempre en las amorosas playas del sur.

Va a ser difícil volver a los sitios que alguna vez compartimos y mirar solo con dos ojos, y utilizar nuevas frases, y pronunciar otros nombres; sobre todo porque tú no podrás ayudarme en esta nueva empresa;  y yo tampoco podré endulzar tu dolorosa letanía de los primeros días:.."lo hemos dejado, Andrés y yo ya no estamos juntos".
¿Sabes?, me alegro de haberme decidido a salir corriendo porque así ni una brizna de odio me ha quedado prendida.Y también es importante, Elisa, meter en las alforjas, algo del sol de los buenos días, porque las jornadas de camino quién sabe qué nos depararán.
Te escribo en el cuadernillo que me regalaste aquel 14 de Abril, el que tiene las pastas de caucho, el de apuntes de historias posibles;  y mañana por la mañana buscaré un estanco y te mandaré la carta. La última llegó a casa de tus padres el día antes de que te escaparas conmigo. ¡Claro que ha llovido!.

Estoy en el Lobo Estepario, pero no sentado en el número que tú crees. El velador solitario y Fredo me observan, y casualmente suena Blue Seven de Sonny Rollins.Te juro que no he pedido el tema.
Y he aquí que llevo un rato con la vista perdida en este vocablo que ahora, con la tenue luz del local, parece escrito con sangre, o sea, entre marrón y negro. ¿Qué será abéstola?, y mi imaginación se pone en marcha: arbusto de hoja perenne y de alta montaña / algún ornamento sagrado que se colocan los curas antes de la estola / esencia mentolada que desprenden algunas aromáticas / herramienta, en forma de vara, que utilizan labradores y ganaderos para diferentes labores / viento marino que azota las lenguas de tierra que se adentran en el mar / equipaje de mano que se podía llevar en una diligencia / canción típica de los bolivianos del departamento de Cochabamba / catalejo especial para mirar estrellas cercanas......sea lo que sea, la pondré a vivir dentro de un cuento, no puedo dejarla tirada, hoy no aguanto más soledades.
Elisa, juega conmigo, será como el último bolero de Carlos Galván y Juanita Plaza en "El viaje a ninguna parte" y si aciertas el verdadero significado (he hecho trampas y está entre los imaginados) tu sonrisa soplará sobre la nube amarga y lloverá miel sobre nuestros recuerdos.
Me voy para una pensión que me ha buscado Alfredito, aquí cerca. Voy a dejar de escribir. ¿Sin rencores?.





Jaht

lunes, 15 de junio de 2009

Soledad


En el rincón más escondido del bar lloro tu ausencia. Las luces están sobre el escenario. Nadie me ve.

En este mismo bar, en este mismo rincón, tropezamos hace dos años; tan fuerte, que quedamos encajados el uno en el otro.
Ese fantástico día, cuando ya de amanecida se pinchó la nube de Gin-Tonic en que flotaba, pude reafirmarme en que aquel encontronazo había sido más que afortunado. Tan afortunado que sentí miedo de no estar a la altura y a punto estuve de salir corriendo de tu casa.
Estabas dormida, pero en cada centímetro de tu carne la vida se agitaba. Respirabas imperceptiblemente y el aire viciado de la habitación, al discurrir por el filtro de tu cuerpo, se limpiaba y volvía aparecer transformado en hechizante perfume, que emanaba de las diminutas perlas líquidas que asomaban por los poros de tu piel.
Esta vez recordé el nombre sin tener que registrar el bolso. Siempre bromeabas con el poco mérito de este alarde memorístico:
- Demasiado sencillo, Martín.... Y yo: ¡que no, que me hubiera acordado aunque te llamaras Edelmira!

Sé que ha merecido mucho la pena, que debería ser agradecido, pero no puedo evitar querer más. ¿Qué comen los dioses cuando se acaba la ambrosía?.

Está claro que el amor, este del que se encargan Eros o Cupido, nos convierte en unos putos egoístas. Te das cuenta cuando vuelves a posar los pies en la tierra y ves con otros ojos todo cuanto te rodea. Ahora creo que no nos hizo mejores, simplemente nos embriagó; y esta vez el despertar ha sido cruelmente amargo.
Si estuvieras aquí me dirías como tantas veces:
-¡Ay, Martín!, la filosófica ginebra vuelve a hablar por tu boca. ¡Me encantan tus tristes tonterías!

Aquella noche, 28 de Noviembre como hoy, también tocaba A Contra Blues y decidimos hacer nuestro uno de los temas que la cómplice y sedosa voz de Jonathan nos regalaba. Hoy, esas canciones te devuelven a mí pero no puedo tocarte; esa imposibilidad me está matando.
Estoy muy lúcido... y borracho: es la única manera de combatir la rigidez de los músculos de la garganta, curiosamente he de seguir tragando para no ahogarme con mis hipidos. En mi pecho vacío se está formando una dolorosa bomba de angustia, que cuando estalle ha de encontrar una salida.
Sigo bebiendo. Sigo llorando.

Siempre dijimos que cuando tuviéramos una niña la llamaríamos Georgia para no olvidar nunca que nos abrazamos por primera vez al abrigo de aquella vieja y dulce canción. Sigo en el rincón más oscuro del bar, me he escondido bajo una mesa mientras suena nuestro tema, te prometí que nadie me vería llorar tu muerte.
Te quiero María.




"No hay paz, no encuentro paz
Solo esta vieja y dulce canción
Georgia seguirá por siempre en mi mente
Como una vieja y dulce canción
Georgia seguirá por siempre en mi mente".

Para Jonathan y A Contra Blues.
Seguid en el camino, sin atajos.

Jaht

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