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martes, 28 de diciembre de 2010

César





Las cosas no pintaban bien para César cuando hace unos 18 años decidió acercarse cautelosamente y con una exquisita educación, que intentaba infructuosamente servir de barrera, a los aledaños de la mesa uno del Café de Freddo. Los tertulianos de aquellos días le habilitaron un cálido nido, que previamente habían acolchado con respeto y camaradería, a sabiendas que llegaba derrotado tras una dolorosa travesía, salpicada de fracasos y desafectos.
Fue entonces cuando conocimos a la persona de la que habíamos oído hablar y que no encajaba en ninguna de las leyendas urbanas que algunos lenguaraces y negros arácnidos habían tejido a su alrededor.
Luego, tras él, llegaron otros, atraídos por el embrujo de sus palabras y el cantarín discurrir de un río de sabiduría que, cual bebedizo mágico, aliviaba nuestra sed de conocimientos.
Entre las posibilidades que, como conversador, le brindaban Jaraíz y sus aledaños eligió una modesta mesa redonda, casi una camilla, en la que debatió de tú a tú con mecánicos, fotógrafos, cerrajeros, médicos, compañeros de instituto, alumnos, jornaleros, parados...; y entre Ducados y cervezas prestó oídos a quienes, como a él, desazonaba la vida.

Las estaciones marcaban también el color y la temperatura de las charlas, las largas charlas, que entonces importaban más que cualquier otra cosa. Del caliente refugio cerca de la pizarra, mecidos por la música de Jazz, saltábamos a la calle (...que ya es hora), donde bajo el jolgorio de los vencejos y el errático aleteo de los murciélagos abríamos cada primavera una nueva temporada de terrazas. César aparecía entusiasmado, también porque las blancas y perforadas sillas de la pizzería le anticipaban que estaba próximo el fin del curso, y elegía un sitio que le permitiera colocar su espalda contra la pared. Decía que esta manía era una tara de su infancia y que él era fiel a sus debilidades, pero algunos siempre sospechamos que se refugiaba en esta excusa por no declararse mirón incorregible y para no perder la oportunidad de vigilar la calle y sus movimientos; desde ese mirador privilegiado salieron algunos de sus cuentos y muchos de los personajes que pueblan su minimalista mundo literario.
Cayeron años como hojas. La existencia, la intemperie o el azar llevaban y traían parroquianos a la mesa que alguien denominó de los escritores, aunque sólo había uno. Nuestro amigo César decidió quedarse para siempre, abonado, y formando parte de ella incluso cuando se hallaba encaramado al púlpito de un taburete.
Una tarde de Mayo nos presentó a Hola, una perra tuerta y canela que había salvado de la crueldad callejera y del atroz escarnio que sufren los sin papeles. Ella se hizo dueña de la casa y él ya no tendría que cargarse de valor para volver al lugar en que nadie le esperaba. Además, su nombre, el de la paciente amiga, era una necesaria pildorilla de ánimo y de ahora en adelante nadie podría decir que hablaba solo.

En un período de desavenencias con su propia soledad aprovechó para hacer nuevas intentonas en el peligroso mundo de la pareja, con "seres humanos", como él se hubiera encargado de aclarar; y tras agrios encontronazos, que reabrieron viejas heridas, llegó el encuentro con Begoña que fue capaz, no sin esfuerzo, ayudada por el poderoso bálsamo del querer, de domeñar al niño que el buen escritor y mejor persona llevaban dentro.
Y la vida transcurría al ralentí: sosa, monótona y previsible; ¿qué más puede pedir quien huye de las sorpresas y las aventuras?.
Más hojas; algunas nieves; El Cuchillo de Jorge Cafrune; llegada del galgo que se quedó en proyecto; adiós al "insti", adiós a las caricaturas; libros leídos, libros por leer; guitarras; encajar críticas laudatorias; Paso de contarlo; churros y chocolate con el Pink; escapadas al Gallinero; ¡ojo, Pedrito!; helados para Mohamed; ¡insufribles invasiones agosteñas!; paseos con dos perros parias; conversaciones con mi psicóloga; ¡por dios!; tardes de Freddo; Hola, adiós; curso de alemán; taller de lectura; la familia Acquaroni; coplillas para Mario; teórica de motos; Nuevo Café; devorar internet; paseos con un perro de buena planta y sin pedigree; series televisivas; karma con agujeros (como los calcetines); tabaco; la casa de Bego; ¡qué alegría Rocío!, ya de vuelta; carcajadas con Ortega y Pacheco; bermudas, bastón y gorrita; Manolo y Conchi; Jose, por favor, haz llegar este paquete a Valentín; hay que repetir esto; llamadas perdidas; Rafa y Milo en la puerta del ambulatorio; aquí tienen muchos medios; Pedrito, me han enseñado tarjeta amarilla, por fumador; ----------------

Justo ahora, César, cuando los rotos parecían bien zurcidos y la vara mágica del tiempo había convertido los estridentes violines en flautas dulces y las encendidas arengas en serenas reflexiones. Nosotros habíamos apreciado aquello y gustábamos de esto, porque por encima de cualquier otra consideración lo que nos importaba era tu compañía.
Nos vas a permitir: que te sigamos viendo doblar cualquier esquina, oírte toser muchos metros atrás, que hablemos de ti aunque te hayas ido y nos riamos con tus cosas, con las que vivimos juntos y las que hubiéramos vivido, si la fría madrugada del 18, te hubieras quedado de este lado del túnel en lugar de seguir la resplandeciente luz, buscando posiblemente un mejor lugar para la lectura.

Para quienes conocieron al mismo César que yo conocí y sienten escalofríos por el cariño perdido.
Y para Manolo Merino, el fotógrafo.
Jaht

viernes, 10 de septiembre de 2010

Ya No Hay Locos


Cada vez más perezoso el escritor, con mala conciencia, exclamó: ¡Dios mío!, sin dudar en ningún momento de la inexistencia del Ser Supremo. "Os estoy fallando -dijo, simulando dirigirse a una virtual parroquia enfervorecida-, sé que estáis a la espera de una de estas historias mías que algunos saboreáis con delectación y a otros os sirven para purgaros, que tampoco está mal". Mientras, continuaba taladrando la pantalla del ordenador con la sólida esperanza de encontrar a aquellos que en  alguna ocasión habían comentado sus textos. Aquel estado de ánimo tal vez hubiera sido transitorio, y su soledad curable, si el brote esquizoide no hubiera asomado caprichosamente su cabecita en la sala de internet de la Biblioteca Nacional de España, y si en la caja de herramientas de uno de los fontaneros del servicio de mantenimiento no sesteara, provocativamente indolente, un berbiquí automático con baterías de petaca.

Con la lengua mordida entre los labios y el dedo introducido en el orificio del centro de la pantalla, que acababa de horadar, intentó tocar el vuelo de la falda de Jara, el hombro mojado (estaba el mar por medio) de Ray, la sonrisa de Candela.... Sangrando, buscó un poema de Luisa para vendarse y frescas cataplasmas empapadas de Mediterráneo para la frente que hacía de barrera al volcán de su cabeza.

-Entonces aparecieron ellos y cortaron la conexión. Todo volvió a ser aburrido y triste, todo se vistió de blanco y me trajeron aquí a pasear contigo que ni siquiera sé como te llamas, que siempre te ríes, aunque te hable de la muerte de mi madre y que sólo abres la boca para pedir tabaco.

 Jaht
Si no es ahora, ahora que la justicia vale menos, infinitamente menos
que el orín de los perros;
si no es ahora, ahora que la justicia tiene menos, infinitamente menos
categoría que el estiércol;
si no es ahora ... ¿cuándo se pierde el juicio?
León Felipe

miércoles, 27 de enero de 2010

La Vuelta a Corralda en 4 Horas


Leocadio abarca el vaso de café, resiste el cristal ardiente y a continuación posa sus manos sobre la copa de brandy para infundir alma al licor. Ahora mismo, el cuerpo hacia adelante, la cabeza gacha, se siente arropado por los aromas y las evocaciones, que viajan juntos. Sobre la barra, un sobre del INEM y un billete de 20 € con una leyenda roja, a bolígrafo, sobre la piel del mapa económico de Europa. ¡Todo se ha desencadenado tan deprisa!, piensa el hombre, que no ha leído el texto porque pierde sus ojos en el puente de azul diseño; y se imagina, con una sonrisa agridulce dibujada en su rostro, asando sardinas, justo allí debajo, junto a Carpanta, aquel antihéroe de su dorada infancia. Hace tan solo un año era todo lo feliz que se puede ser cuando aún se aguanta el pulso a  la vida: trabajillo, casa, mujer amable y reguñona, dos hijos y unas perrillas para vermut y cañas de fin de semana. De pronto, como un terrón de azúcar en un vaso de agua, sólo ha quedado el sabor perdiéndose por una antigua circunvalación del cerebro.

-Tranquilo Leo, grita el barman, mientras recoge el dinero para cobrar: dicen que Dios aprieta pero que no ahoga.

En el momento de hacer el comentario, Bruno, el dueño del café Greco, está arrepentido de sus palabras. Es más, se enfada consigo mismo, siempre en voz alta, y se recrimina la falta de autocontrol: ¡un ateo irredento hablando de Dios, porca miseria!. Está claro que lo de consolar no va conmigo; si mi nonno, que decía haber conocido personalmente a Antonio Gramsci, levantara la cabeza me atizaría con la boina y a nuestro amigo, el pesaroso, le daría la hoz y el martillo para enjugarse las lágrimas.
Lleva a gala el no poder evitar empaparse con los problemas de la clientela. "El italiano", como le conocen en el pueblo, al que llegó hace tres años, es querido por su disponibilidad y su aparente atención en las confesiones. Aunque hay quien dice que es de Alicante y que su relación con la península de la bota tiene que ver, precisamente, con un cursillo de tres meses en una fábrica de zapatos; eso no importa, la gente quiere a Bruno, ese tío tan raro, al que se le ha otorgado patente de corso y se le perdona todo lo que justamente hace arder a otros en las hogueras inquisitoriales de la villa.

-Ragazzo, pronto, traéme lo que tú ya sabes; quiero reír  -le dice, alargando veinte euros a un joven delgado y con rastas, que ojea el periódico-

Gorka comprueba con rápida discreción que en el anverso aparecen sobre la plata el número y el símbolo y pone en manos del muchacho un sincero apretón y una bolsita; luego sigue su paseo por el parque en compañía de dos famélicos galgos, dispuesto a iniciar bajo el Pino Gordo, sobre la alfombra verde, sus ejercicios matinales de relajación mental y muscular. Un  rato después duerme sobre la hierba, con unas orejeras que imitan una flor, de sus oidos rebosan tantras, mantras y campanillas tibetanas; mientras, los perros confraternizan con las garrapatas.
Le despiertan otros ruidos menos agradables que resultan ser los de sus tripas, escoltados por los ladridos nerviosos de Abelardo y Eloisa. Deja a los animales en la furgoneta, y se dirige a la tienda de Encarnita, la que le mira con ojos miopes, la que llora con la voz, la que le tiene sumido en un mar de dudas.¡Ay, Encarna la carnicera!: la que ha conseguido que vuelvan los sentimientos de culpa, la que le ha hecho saltar de las espinacas al solomillo.

-¿Es que vuelves a Alsasua, Gorka?, lo digo por lo que está escrito en el billete. Si es así te echaremos de menos, unas más que otros.

Carnita, así llevan treinta años llamándola, es simple y soñadora; y esto no es ninguna incongruencia, porque se pueden desear cosas pequeñas, amores fugaces, flores blancas y sin pétalos, versos cortos y caricias con plumeros de niebla. Es tan sencilla y sincera que parece tonta, ese adjetivo miedoso que esgrimimos como escudo ante nuesta incapacidad de comprender a los niños y jugar con ellos, tengan los años que tengan.
Nunca tuvo ambiciones, ni siquiera "legítimas aspiraciones", ni tampoco caja fuerte; carencias que la colocan como elemento sospechoso dentro de los de su gremio, que utilizan máquinas choriceras para encañar sus fortunas. Pero a pesar de su inocencia, o tal vez por eso mismo, todos la temen ya que es la única persona que puede llamar a las cosas por su nombre, mentiroso al alcalde y fariseo al señor cura; sus verdades son saetas tan irreversibles como los cuernos de Don Friolera. Será por eso, por lo que en su comercio: el mejor, más barato, más concurrido y más limpio de Corralda,  reina un silencio sepulcral que sólo rompen los gramos, los kilos o las docenas.

 -María, aquí tienes la vuelta, y cuidado no la pierdas, que te veo muy despistada, cariño.

La mujer recoje el dinero y tras dar las gracias y despedirse, con media voz , sale a la calle y durante unos segundos piensa en la dirección a tomar, que solo puede ser una. Llega a casa y aparta la olla de la placa eléctrica y vuelve a equivocarse, una vez más, al poner la mesa; retira el cubierto que sobra y se sienta delante del televisor a esperar a Julia y Jairo. La chica llega del instituto y encuentra a su madre en la misma posición que la dejamos hace unos minutos: mirando absorta. La foto de los cuatro sigue en la pared, justo encima de la pantalla apagada. Recuerda algo, justo en el momento en que la niña acaricia su pelo, y se incorpora en busca del  monedero; desdobla un billete de 20 euros y se fija en el  graffiti rojo; estos poetas dicen muchas tonterías -piensa- también es dulce la diabetes.

-Juli, antes de que aparezca tu hermano, acerca esto a papá que estará en casa de la abuela. Dile que es su parte de la última Primitiva..., y que yo tampoco sé qué ha pasado.
Jaht


jueves, 14 de enero de 2010

Diario de Mario




El sol aún dispara peligrosas ráfagas de Vitamina D manteniendo limpias las calles. Llego del Lago y decido echarme tras la merienda, recuperar fuerzas, relajarme. Mi madre suspira en el comedor viendo junto a mi hermana, la chica más perforada del pueblo (23 piercings), una película de Raphael en Cine de Barrio; luego jugarán juntas a exterminar seres de otras galaxias, de Africa creo. Son unas paletas, no las soporto: ni conocen a Dj Tiësto ni han visto la última de la saga Crepúsculo, ¿de qué podría hablar con ellas?. La cama está sin hacer, si mi abuela viviera no hubiera permitido esta desidia; ¡cuanto me quería la jodía momia!.
Lo de mi padre es casi peor, ha conocido en los andamios de Madrid a uno de letras, sin curre en lo suyo, que le está volviendo gilipollas; este fin de semana se ha presentado con un libro de un tal Saramago y con una película que se titula Cowboy de Medianoche, que no pienso mirar (a pesar del título) porque seguro que es un coñazo. Y es que es lo que yo le digo: ¿es normal que un encofrador lea algo que no sea el Marca?...¿de qué vas a hablar con tus amigos?...Eso que estás haciendo es renegar de tus principios. Tú eres un obrero, ¡coño!. Se lo digo enfadado, de mala leche, y él me mira sorprendido. Creo que sabe que tengo razón;  me lo estoy ganando: el otro día me miraba comprensivamente mientras yo daba puñetazos al sofá por la expulsión de Carol, la del Gran Hermano.
Cosas importantes, como esta última de GH, son las que hacen que entre Lydia y yo haya buen rollo: ella también lloró, nos abrazamos y acabamos follando en el buga mientras la taladradora de Dj Mostrenco nos impedía pensar (se nos olvidó el preservativo).
Y no es que yo me crea mejor que nadie porque tenga un coche guay y un equipo Sony CHX-GT230, pero uno se mueve y aprende, que es muy importante conocer ambientes que te enseñen lo que merece la pena aprenderse: buenas discotecas y buenos comercios.
Porque yo me he hecho a mí mismo. ¡Que vivo en casa de mis viejos, ¡vale!, pero porque quiero!. Si yo dejara sola a mi madre, con mi trabajo de "viruta" ganaría una pasta en Barcelona, y no la miseria que me dan aquí, que no me llega para los cinco pagos mensuales que tengo entre manos. Pero uno es un buen hijo, responsable y cauto: que sólo tengo 27 años, ¡hostias!, y toda una vida por delante.
Y basta de reflexiones, que he venido a recargar las baterías y este no es el camino. Quiero que nada me ronde la cabeza y en eso soy un experto, nunca tuve demasiados problemas para dejar la mente en blanco. El acontecimiento de esta noche merece que esté en plena forma. Inicio la cuenta atrás, concentrándome en lo único que importa; el cero coincidirá con la esencia y el sueño profundo: 10) el momento más sublime de la semana, 9) razón de vida, 8) justa rebeldía juvenil, 7) libertad y conquista, 6) hora de reivindicar dignos corrales de ocio, 5) con ginebra o con ron, he ahí la cuestión, 4) decibelios p'al Aurelio,  3) no te entiendo pero "pa" las chorradas que estarás diciendo,  2) bebe deprisa y tendrás una hermosa vomitona, 1) ¡"semos" los mejores, y los más atronadores "regüelderos"! 0) ¡BOTELLON!


Con lágrimas en los ojos. A la memoria de Miguel Hernández que dejó escrito: 

"Juventud que no se atreve,
    ni es sangre, ni es juventud,
    ni relucen, ni florecen.
    Cuerpos que nacen vencidos,
    vencidos y grises mueren:
    vienen con la edad de un siglo,
    y son viejos cuando vienen.
    La juventud siempre empuja
    la juventud siempre vence,
    y la salvación de España
    de su juventud depende"


Y también a los chicos y chicas que no se sienten identificados con el escritor del diario; que sé que son bastantes. 
¡Vale!; y a los que van al botellón y se lo pasan divinamente: se relacionan, no mean en la calle, recogen y reciclan los residuos, no dan gritos, no rompen ni queman nada, no permiten beber a menores, no acuden a urgencias al mínimo mareo, no se pelean, no llevan coches cantarines y aprovechan las noches para hacer el amor y no el gorrino.
Jaht

viernes, 26 de junio de 2009

Cecilia


M
ientras yo me afanaba, recién llegado el 26 de Junio, en hacer creer a tu hermanito Ismael que un ciempiés, sin zapatos ni calcetines, cosquilleaba su espalda, y que esas caricias se convertían en colibríes enanos que, divertidos, tiraban de sus pestañas invitándole a dormir; tú, Cecilia, entrabas en nuestras vidas a través del teléfono de la abuela Rocío que nos radiaba tu aparición tras un cristal.


Ibas a venir dentro de seis días pero has decidido adelantar tu viaje y bien que te lo agradecerá tu madre, la pobre, que en estos primeros días del verano cortaba el aire denso a machetazos para que tú respiraras partículas frescas y ligeras.


Me dice la abuela que eres muy bonita, con la piel sonrosada, rubieta, la carita redonda y que agarras el dedo de tu padre como si quisieras incorporarte y salir corriendo del hospital. No te impacientes Cecilia que todo se andará.
Como sé que no os dan al nacer libro de instrucciones, que tampoco estaría de más, el que te escribe, que como buen abuelo es un poco "pesao" con esto de los consejos, te pone sobre aviso:

  • Cecilia, la vida hay que beberla a sorbitos y saborearla, nada de atragantarse.
  • El amor, el que damos y recibimos, es el fuego que nos calienta. Sin él, los seres humanos se transforman en estatuas de hielo que caminan.
  • El mundo es muy grande y no todos los niñ@s tienen tu suerte. En algunos sitios, por desgracia, es imposible que traigan algo bajo el brazo. No nos importa que hayas perdido tu pan, pero no olvides la conciencia.
  • Los que te queremos y te esperamos, Cecilia, no somos mala gente pero seguro que nos harás mejores.
  • Ese niño tan guapo que mañana te cogerá la manita y te mirará con timidez es tu hermano. Los dos estáis en el mismo camino y los dos váis al mismo sitio. Permaneced juntos.
  • La Vera, no está mal para crecer, aunque algunos de tus vecinos están empeñados en empeorarla. Ya nos ayudarás tú a evitarlo.
Y como no quiero que me confundas con el Cebolleta del Pulgarcito ya me callo.

Te imagino satisfecha tras haber encontrado el tibio pecho de mamá Silvia. Luego habrás subido a tu nube de algodón, te habrán acunado al mismo compás de las olas del cálido mar en que has navegado nueve meses y habrás soñado que duermes bajo árboles que abrazan, a la orilla de ríos de leche, deseando que llegue el día para ver en qué isla paradisíaca has desembarcado.

Y mira por donde la tecnología, que algo bueno había de tener, te trae con nosotros y te acerca a tu hermano que esperó como un hombrecito para darte un beso y un regalo.

¡Felices sueños mi niña y dulce despertar
! Jaht

Para Silvia y Luismi por hacernos más jovenes y más abuelos y para Ismael que seguirá siendo por siempre príncipe republicano.

miércoles, 24 de junio de 2009

Selena


Selena, quién diría que hace unas horas flotabas como un buzo antiguo o un cosmonauta moderno, y enanito, dentro del vientre de tu madre. ¡Ya estás aquí!, la espera ha merecido la pena; y ahora a lo tuyo: a ensanchar los pulmones, a gritar y a descargar energías, que nueve meses de paz interior recargan mucho las pilas.
Veo que traes los ojos abiertos; tienes ganas de aprender deprisa y nos vendrá muy bien tu sabiduría porque aunque tengas la impresión de haber aterrizado en un mundo de seres inteligentes, a lo más que llegamos es a “listillos” y así nos va.
De momento tú vas a ser una niña muy afortunada porque estás rodeada de gente que te quiere y que va a procurar que no te falte de nada. Incluso los que vivimos lejos, en Extremadura, encauzaremos juntos nuestros mejores deseos y te los enviaremos a lomos de una cigüeña, de confianza, que los descargará sobre el tejado de tu casa. Tú sólo vas a notar una ligera y fresca brisa en tu mejilla, pero detrás estamos chistando discretamente, con un dedo sobre los labios: tíos, primos y abuelos.

Aunque nos pasamos la vida, los veteranos, los que llevamos mucho tiempo aquí, diciendo que luchamos por un mundo mejor, lo cierto es que no lo estamos haciendo demasiado bien y quedan muchas cosas por arreglar; casi todas. ¡Pero quién soy yo para pasear, en un día como hoy, una sola nube gris sobre tu cabecita!
Precisamente tu nacimiento y el de los otros 250.000 niñ@s de este 23 de Junio son nuestra mayor esperanza, porque en algún momento habrá un cambio de conciencias que coincidirá con la llegada de seres nuevos y generosos, entonces: el sol alumbrará más que nunca, sin quemar; los ríos recuperarán peces y aguas cristalinas; los árboles volverán a ser reyes y sus poderosas raíces convertirán en tierra fértil estructuras de hormigón; el aire volverá a ser invisible y las etéreas fragancias, de colores; la nieve caerá empapada en sabores de fruta y el mar y las montañas volverán a ser únicas moradas de los dioses, demasiado problemáticos para vivir entre los hombres sencillos.

El haber nacido en el día más largo del año os da un plus de credibilidad, pues la intensa luz, tal vez posibilite que quede encendido un rincón de sol en vuestras cabezas; y estamos faltos de personas clarividentes.

También sabrás, Selena, que muchas culturas consideran mágica esta noche del solsticio de verano, tu primera noche, la noche en que aún no has cumplido un día, la noche de San Juan, la noche que te corona reina y diosa de tu casa. La noche en que la Luna, más ligera que nunca, pasea arrastrando con elegancia un manto de estrellas; algunas caen como polvo de oro: marcan tímidamente tus cejas, dan brillo a tus labios y untan tu naricita. ¡Bienvenida!


A los padres, abuelos y tía más ilusionados del mundo:Juanito, Genoveva, Yiyi, Eva y Amaya.
Suerte para convertir a una diosa en buena persona.





Jaht

domingo, 31 de mayo de 2009

Banquete de Trabajo

Las ocho de la tarde. Una hora después de la señalada en la tarjeta fueron apareciendo tímidamente algunos personajes. Eran novatos. No sabían que las normas, no escritas, sobre el comportamiento social de los "ilustres" aconsejan retardar la puntualidad en al menos hora y media, para estar más próximos al momento álgido de la reunión: la entrada del invitado de honor.

Así pues era lógico su nerviosismo, sus miradas alrededor, sus preguntas a los camareros que, dicho sea de paso, vestían mejor que alguno de los recién llegados; de ahí su miedo a ser confundidos con la servidumbre.
Fuí, en esta ocasión, testigo ocular por mi condición de asalariado con graduación; puesto al que fuí alzado gracias a las buenas gestiones del INEM (mi cuñado trabaja allí), que atendiendo mi nivel académico me consiguió, por unas horas, la plaza de Jefe de Guardarropía en la sección: Pieles Auténticas; cargo de gran responsabilidad como se encargó de destacar mi superior, el Consejero de Asuntos Sociales, en las presentaciones.

Pude reconocer entre los advenedizos madrugadores a uno de mi pueblo, que sale mucho en las fotos, y su señora. Ostensiblemente desconcertados paseaban entre las mesas situadas a lo largo del amplio salón.
Era visible su inmadurez protocolaria, pues no sabían qué hacer con los huesos de las aceitunas. Hubiera sido terrible que algún meritorio hubiera hecho acto de presencia pillándoles en esa embarazosa situación que imposibilita el aplauso, es decir: con las manos plenas de pipos, como hubiera dicho mi abuela.
Por fortuna, la "alcaldesa" de mi pueblo vislumbró una maceta donde depositar la molesta carga, operación nada fácil al ser de diseño danés el citado objeto. Hizo partícipe del hallazgo a su consorte propinándole un codazo que a punto estuvo de costarle un ojo de la cara, al desabrochársele el grueso tirante de colores patrios.


Poco a poco el salón se fue poblando de perfumes franceses, chinchillas de la América Meridional, trajes parisinos, zapatos y bolsos de cocodrilo amazónico y supongo que también de braguitas neoyorquinas y calzoncillos italianos.
También fueron ocupando su lugar las risitas, las inclinaciones de cabeza, los aplausecillos, los comedidos abrazos, los guiños cómplices y el serrín. Sí, aunque elemento plebeyo, el serrín era al parecer inexcusable cada año. Sus señorías estaban ya acostumbradas a las presencias de cuatro sirvientes que sembraban el suelo de esas mágicas virutas que impedían que nuestros banqueros, gobernantes y adláteres dieran con sus apreciados y bien forrados esqueletos sobre el mármol de Carrara.
Efectivamente, las añejas cosechas de vino y las recientes babas de los principiantes (boquiabiertos ante tan gran despliegue de clase y elegancia) dejaban el suelo apto para el patinaje.

Como es lógico, en una reunión de tan alta alcurnia, los diferentes corrillos formados trataban temas de gran interés social y reflejaban preocupación por el delicado momento que estaba viviendo esa personalidad andaluza, de todos conocida y la disyuntiva que se le planteaba en el inmediato futuro. Sin duda era aquella tarde el tema principal...Los grupos se hacían eco de sus últimas declaraciones y se apostaba por una u otra salida.
Momentos antes de la aparición estelar de la noche, cuando ya escaseaban los bogavantes y los exquisitos patés, la mayoría estaba convencida: debía olvidar, aún estaba a tiempo de rehacer su vida. Prácticamente por unanimidad dieron su bendición a la Pantoja para mandar al "Cachuli" a hacer puñetas (el de mi pueblo también votó a favor).

En esas estábamos cuando se apagaron y encendieron las luces en dos ocasiones, avisando de la llegada del deseado. Los invitados fueron acallando sus comentarios y abriendo pasillo. Todos pugnaban por colocarse en primera fila (el paisano lo consiguió aún a costa de perder la parienta).
¿Vendrá ella?, se preguntaban ellos. ¿Vendrá él?, se preguntaban ellas.
Se abrió la puerta. Alguien inició un tímido aplauso que al momento fue clamoroso. Transcurrió un minuto y cuando decrecían las palmas se oyeron unos pasos que avivaron las muestras de júbilo y fervor. Entonces entró un jornalero uniformado con chándal de mercadillo, gorra de marca de piensos, zapatillas hadidas (estas sí, con hache) y bolsa de deporte Seúl 88; se colocó en el centro de la sala y les hizo un colosal corte de mangas, acompañado de un grácil giro de 360º, digno de Nacho Duato. Todo transcurrió tan deprisa que cuando salió nuestro hombre, ellos, estupefactos y forzados por la inercia aún no habían dejado de aplaudir.


Dedicado a Diego Cañamero y sus gentes del SOC andaluz

Jaht

miércoles, 27 de mayo de 2009

Interrumpir


-¿Puedo interrumpir?-interrumpió mano alzada en medio del Pleno del Ayuntamiento - y sorpresivamente el Alcalde Presidente le dijo que sí, que tenía cinco minutos para expresarse.

-Quiero hacer uso de los cinco minutos que amablemente se me han concedido- dijo pulsando ostensiblemente un reloj cronómetro que llevaba en la mano- y ya que no se me ha
pedido que me ciña al orden del día no me ceñiré en absoluto.
He asistido a los últimos veinte plenos que han tenido lugar en este Ayuntamiento. Ustedes me habrán visto sentado siempre en esta esquina, tomando notas y se habrán preguntado quien soy…..pues bien sólo soy un discreto ciudadano que hoy va a dejar de serlo, aunque intentaré seguir siendo respetuoso. Yo quería hacer un seguimiento de mi voto, al que por cierto no he encontrado en todo este tiempo; y tras dos años y medio, con los datos que he ido almacenando, creo estar en disposición de demostrar científicamente que son todos unos impostores.

En este dossier que está a disposición de cualquiera de los aquí presentes puede contrastarse, por ejemplo, cómo algunos concejales pueden en un mismo día apoyar una propuesta y su contraria, expresada en otros términos. Como unos y otros, gobierno y oposición, embisten con saña contra sus propios programas electorales, unos en dieciocho ocasiones y otros en veintitrés. Pueden leer en la página cuarenta y ocho que han utilizado tres horas y veintisiete minutos en atacarse personalmente, sacando a relucir suegras, aficiones etílicas y conductas sexuales dudosas.

Los de la oposición no han hecho una sola propuesta para mejorar la vida en este pueblo, sólo esperan que el gobierno actual se pudra, en compañía de sus errores, en su elegida y distinguida claustrofobia. Ya saben: “…quítate tú para ponerme yo”.
El apartado de la página 57, lleva por título: “Prebendas, favoritismos, presiones y otras inmundicias” y como podréis observar hago un detallado repaso a los permisos concedidos y denegados y a sus razones, y al antes y después de sus protagonistas. Es todo tan evidente y tan cierto que nadie presentará una demanda contra mí. Yo tampoco perderé tiempo en juzgados y en pleitos que costeamos los ciudadanos y que cuando nos enfrentamos a nuestras instituciones nos asfixian en largos y farragosos procesos que siempre perderemos, aún cuando nos den la razón. Yo creo en la ética y no en la “justicia” que se ampara en interpretaciones de la ley; y cae sobre los individuos o los bufetes de abogados en función del poder adquisitivo del demandado.
En este informe de noventa páginas, del que repartiré copias en formato CD, hay suficientes razones para que yo pida formalmente la dimisión de todos y cada uno de los concejales que están sentados ahí arriba, por acción o por omisión.Disculpen la interrupción y me gustaría que el minuto y medio del que aún dispongo lo dediquemos a la reflexión mientras les hago llegar las copias.
Gracias por haberme escuchado.
Jaht

lunes, 18 de mayo de 2009

¡Que voy de boda y de casorio..!

Suenan cohetes. Surcan el aire y revientan, liberando su inexistencia ruidosa sobre las calles vacías del pueblo. No hay niños que corran a buscar las varillas, no hay mocitas tapándose los oidos entre grititos nerviosos, ni hombres sarmentosos poblando las esquinas y vistiendo la tarde de olores rancios a coñac y tabaco.

Es un sábado cualquiera de nuestros días. Alguien se casa. De ello darán cuenta ciento veinticinco invitados, un cura y un par de viandantes curiosos que, de reojo, se han embelesado con los tobillos de la novia, al subir ésta a un coche emperifollado. El acompañamiento, a excepción de tres niños y dos románticos trasnochados, está envuelto en una nube de perfumadísima hipocresía. Han venido a cumplir un trámite social. Cumplir, esa es la palabra. Cumplir y figurar, para que "naide" diga.
Ellos, los protagonistas, los novios, aguantarán toda una jornada de sonrisas forzadas, falsos parabienes y comentarios picarescos. Y esperarán que la noche tienda sobre ellos el acogedor y oscuro velo de la complicidad para, sobre una cama que invita a compartir placeres, experimentar el primer excitante momento de su vida conyugal: la apertura de los sobres.

El señor cura, por su parte, al impartir la bendición culmina su laboriosa faena pastoral: ha conseguido el ayuntamiento de dos ovejas, que en adelante pastarán en el Valle de las Lágrimas como mandan los cánones; es decir, atados por una firma.
Y las mamás llorarán como antes lo hicieron todas las mujeres de sus familias y repetirán aquello de: "se me va lo mejor de la casa"; aún a sabiendas de que habrán de poner una tacita más de arroz cuando hagan la paella porque los chicos están en el paro.
Y los amigos se emborracharán mucho para demostrar su fidelidad y para poder hablar en el futuro de la histórica melopea que pillaron el día de la boda de los recien divorciados: fulanito y menganita.

Para poner fin al simulacro de jornada feliz, los novios firmarán las tarjetas del menú (encendiendo lógicamente los celos del chef) y bailarán con los invitados las típicas danzas rituales del Empujón y el Pisotón. Y entre los clásicos:

-¿Ya os váis?
- Sí bonita porque tenemos los niños en casa. Suerte para casar a los dos que os quedan..
-¡Que seáis muy felices!
-¡Pórtate esta noche!
-El banquete, espléndido, de verdad.
-La ceremonia ha sido muy emocionante.
-Recuerdos a tu madre, ¡la pobre!
-¡A ver tú cuando te animas!
-Me ha gustado mucho el revuelto de champiñones.
-¡Toma un puro compadre!
-No tengáis prisa en tener hijos que la vida está muy "achuchá".
...Y otra serie de observaciones, excusas y sabios consejos, los partícipes de la farsa van desapareciendo del salón.

De vuelta a casa, los comensales salpican las primeras horas nocturnas con jugosos comentarios:
-¡Vaya birria de comida!
-A mí no hay quien me quite que la novia estaba "preñá"
-En el sobre he metido diez mil, ni más ni menos, esos nos dieron ellos cuando se nos casó la Paqui.
-No sé como hay personas tan vulgares.
-¡Qué dolor de cabeza y de estómago!
-En cuanto lleguemos a casa sacas los langostinos del bolso y los metes en el congelador, que bien los hemos "pagao".
-Pues a quien no he visto ha sido al Mateo, ¡hay que joderse, con lo bien que se llevaban antes!...

Y colorín-colorado aquí termina la boda que os he contado. ¿Os habéis reconocido?.
¡Vivan los novios, los padrinos, la compañía y el cura que los casó!.

Gracias, Doisneau. Ya ves, la historia se repite.
Jaht

domingo, 17 de mayo de 2009

Sudaca

Sólo el olor a linimento habita el vestuario. Sudoroso, cansado, las medias caídas, las espinillas sangrantes…, el jugador se derrumba sobre el banco de madera. Lejanos los gritos del público, los abucheos, los aplausos…. El silbato que hace cinco minutos le ha ordenado, tajante, abandonar el campo llega ahora almohadillado, como una pistola con silenciador. Su cuerpo exhala vapor y el relajamiento comienza a apropiarse de sus músculos.
El partido iba bien: buen juego, buen resultado, ¿por qué no aguantó?... Le duelen los vítores que ha recibido de ese fondo.
Pasan cinco minutos, se incorpora con desasosiego; se desnuda, echa al cesto la ropa empapada, lava las botas y se mete bajo la ducha. Respira profundo…El agua no le calma, sigue furioso. Deben quedar unos quince minutos para que el árbitro
pite el final, esto no puede quedar así.

Se enfunda a toda prisa un chándal y unas zapatillas, coge algo de su bolsa de deporte y corre por los pasillos y escaleras hacia el terreno de juego. Se queda a la entrada del túnel para no ser descubierto por el cuarto árbitro y espera….Enseñan el cartel anunciando dos minutos más.. Está nervioso, pero deseoso de poner las cosas en su sitio. Cuando suena el pitido final se da cuenta que ni siquiera ha visto el marcador, pero ya no hay tiempo, ni le interesa…sale como una centella, alguien quiere pararle pero no lo consigue, llega hasta el jugador de tez olivácea, el escurridizo
7 al que le hizo la brutal entrada, le coge de la mano y se lo lleva sin mediar palabra hasta el fondo sur, donde pululan los “cabezas rapadas” que le han reconocido, le aplauden y rugen venganza. El peruano asustado se pone de rodillas y nuestro muchacho no pierde más tiempo: le abraza, le pide perdón y le regala una camiseta que en un partido de copa de hace cuatro años había intercambiado con Zidane.
Esta vez sí, afortunadamente, la grada enmudeció.

Para quienes aman el fútbol y no son ni hinchas, ni forofos.
Jaht

viernes, 15 de mayo de 2009

Turistas

A nuestro paraíso, de días contados, llegan cada vez en mayor número, visitantes de otras zonas del país que se alegran, dicen, de habernos descubierto.
Has
ta hace poco, aún vivían nuestros mayores, los que volvían por la Vera eran los familiares que habían emigrado buscando la gandaya, y que en fechas concretas (que ellos tenían subrayadas en rojo en el calendario del water) invadían las alacenas cual vikingos sibaritas y arramplaban con quesos curados, morcillas de calabaza escurridas con humo, chorizos prietos en aceite y pimentón, orejones de solana, auténtica miel…y los más desvergonzados incluso con lomos y jamones. Ni siquiera perdonaban las fechas del ayuno y la cuaresma (¡tan católicos ellos!) para meterse entre pecho y espalda todas las exquisiteces derivadas del cerdo y de la cerda, aunque a continuación, entre eructos que asfixiaban con lingotazos de vino de pitarra, se calzaran una túnica de nazareno, una capucha de verdugo y empuñaran un cirio que al rememorarles el morcón les hacía lagrimear con emotividad.
Y untando pan en los huevos fritos (cuatro por plato) que la abuela acababa de traer, anidándolos en su mandil, nos hablaban con énfasis de las excelencias de la vida en la capital, del progreso y la educación. Y lanzaban consignas revolucionarias del tipo:
-No seas tonto, “cuñao”, tú vete “p’allá” “c’allí” se ganan “mu” buenas perras.
Mientras, escarbaban en sus muelas con un cuchillo de punta fina, eso sí, colocando la mano izquierda a modo de pantalla para que se viera cuánto habían aprendido en la ciudad.

Por suerte, a medida que han ido bajando el número de matanzas y de huertos han descendido también las visitas de los parientes.
Y hoy, ustedes perdonen, ya escarmentados, desconfiamos de las buenas intenciones de nuestros descubridores.
A las aguas limpias y cantarinas de la Vera. Viven en nuestros recuerdos.
Jaht

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