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lunes, 27 de septiembre de 2010

Carta de un perdedor


A quien se sienta aludido. A ustedes.

Señores:

Me alegraré que al ser esta en su poder se encuentren con la suficiente predisposición para intentar entender y comprender. Yo quedo regular, tirando a mal.
Sé que  son más listos, más instruidos y que mientras yo "perdía el tiempo" destripando terrones y aventando estiércol, ustedes se esforzaban en descubrir en los libros mundos maravillosos, personajes fantásticos y maneras de conseguir un título, que ahora les sirve a la mayoría para vivir dignamente.
En el mismo momento que sufrían en el pupitre y ante un examen con diez preguntas y treinta posibles respuestas; yo, en plena libertad campestre con el agua acariciándome todo el cuerpo y el barro masajeándome los tobillos, cargaba alegremente un remolque con sacos de pimiento de ochenta kilos.Ya entonces, sin saberlo, contribuía solidariamente con la universidad y sus becas. Pero llegó el progreso, vestido con relucientes chapas de tractor y me robó el jornal.

No supe esforzarme lo suficiente y por eso acabé en el andamio bronceándome y silbando los éxitos de Estopa. Durante tres años, de castillos en el aire, los chicos de la construcción empezamos a ser un "buen partido", aunque seguíamos sin escuchar a Mahler. Luego, ya saben, lo que ya sabían: el globo se deshinchó y los vanguardistas financieros, los grandes estudiosos de los mercados hicieron mermelada con nuestras hipotecas y nuestro futuro.

Sepan que conseguí sentirme muy útil, arropado por un salario suficiente, recogiendo la basura. Sí, escondiendo sus inmundicias, que no eran pocas porque: a mayor consumo mayor patriotismo (por eso tan difícil de equilibrar las balanzas). Me sentí hasta válido cuando fui consciente en una huelga de lo importante que éramos las hormiguitas fluorescentes; pero cayó sobre nosotros la criminalización, se referían los medios a los empleados del servicio de limpieza, en el mismo bloque que dedicaban a las guerrillas terroristas y a los de Al Qaeda. Mercadearon los Ayuntamientos y nos entregaron a empresas privadas y Ett's (sí, las pesticidas esas), pasando de hormigas a escarabajos peloteros que luchan por una porción de mierda. A esta última maniobra la llamaron "optimización de los recursos municipales".

Llegué a conocer e incluso tutearles a algunos en la barra de un bar. Ustedes estaban al otro lado y solían leer las páginas salmón del periódico, aceptaban todos los halagos, eran comprensivos con los mal hablados e incluso terciaban suavemente en las disputas futbolísticas, pero nunca perdonaron a quien les llevaba la contraria en temas ideológicos o se expresaban contra su sentir religioso. Decían: "Yo soy más demócrata que nadie pero este nuevo concepto, como es imperfecto, nos ha traido no pocos excesos, el más significativo es que cualquier papanatas pueda decir lo que quiera sin pagar peaje".
Pero sí que seguimos pagando peaje prueba de ello es que tardé poco en estar en la calle por no admitir aquello de que "el cliente siempre tiene la razón".

Podría también hablarles de mis meses de camionero y de mecánico, mis dos años de jardinero, mis semanas de montador de muebles y mis días de antenista; pero sé que su tiempo es oro (la mayoría de ustedes ya habrán dejado de leer), mientras que el mio morralla. No obstante si esta misiva ha caído en sus manos en pleno proceso de evacuación estoy de suerte, en esto, aunque les pese, nos igualamos; sé que sentados en la taza todos leemos cualquier cosa, y me van a permitir algunas reflexiones en voz alta:

- Para no estar cualificado creo haber recorrido un interesante espectro laboral. ¿Tal vez la preparación sirve para trabajar poco y en una sola cosa?. Sé que yo no podría pilotar un avión o colocar una prótesis de cadera, ¿pero podrían un piloto o un cirujano llevar a cabo alguna de mis labores?, ¿un agresivo broker tendría suficiente paciencia para acompañar amorosamente el proceso de maduración de los tomates?.

- ¿Tan buenos son los resultados de su actividad y tan malos los frutos de mi productividad para que existan esas diferencias en los salarios?. ¿Tan importante es un ingeniero especialista en armas que matan sin hacer ruido y tan "mindundi" un pescador, para que el hijo del primero acuda con su descapotable a las clases de la Universidad de Westminster y el del segundo trapichee con tabaco de contrabando para trucar el vespino?.

- Algunos de los grandes avances, algunas de las grandes obras, algunos de los grandes descubrimientos de los más aventajados (que han estudiado con nuestra ayuda) están sirviendo precisamente para dejar a la gente "a dos velas": máquinas inteligentes, programas informáticos....; que no estarían nada mal si todos viviéramos y se repartiera lo que va quedando, incluido el trabajo (¡ese castigo bíblico!), que no debe ser poco a pesar del desempleo,  ya que no quieren que nos jubilemos y  los grandes gurús socio-económicos claman para que volvamos a las jornadas de principios del siglo XX. 

- ¿ Por qué los políticos que supuestamente nos representan: visten como ustedes, comen con ustedes, algunos también se acuestan con ustedes y, tras recoger el botín en las elecciones, están más de acuerdo con ustedes (que son pocos) que con nosotros (que somos el resto)?.

- Espero que mis palabras les aflojen el vientre. Puedo pensar diferente, ¿verdad?, sin que me llamen demagogo (no podría serlo aunque quisiera, la demagogia sólo es practicable desde el poder). 
¿Puedo imaginar un mundo más razonable, ni siquiera digo justo que eso ya sería mucho pedir, aunque no sea contertulio televisivo pagado por algunos periódicos (independientes, por supuesto), experto en políticas económicas (sólo capitalistas), historiador de historias de vencedores, emprendedor triunfante (hoy, mañana el dólar dirá) o banquero (el Supremo Hacedor que no tiene nada suyo)?. 
¿Puedo decir aquello de: creo hablar en nombre de los obreros?. ¡Me hace tanta ilusión!

Sí, la ilusión también la compartimos: ustedes son ilusionistas y nosotros los ilusos. Nos han hecho creer que si nos lo montamos bien, y nos sacrificamos una vez más, alguno de nuestros nietos puede llegar a sentarse en un Consejo de Administración de una Multinacional. O sea, que seríamos obreros en estado de descomposición pero satisfechos de abonar a los prohombres de un nuevo orden mundial, entre los que, no olvidemos,  puede estar alguno de nuestros vástagos. Sólo tenemos que dejarnos llevar y comenzar a simpatizar con los nuevos conceptos empresariales de la nueva era: flexibilización, deslocalización, learning, rightsizing, outsourcing.....y muchos más términos acabados en "on" y en "ing" que en definitiva lo que quieren decir es: máxima riqueza para cuatro, mínimos gastos para cuatro y migajones para cuatrocientos.
Por supuesto ustedes abogan porque desaparezcan figuras antiguas y que incluso deberían prohibirse en sociedades "modernas" y "avanzadas": nada de sindicatos, ni huelgas, ni convenios....nada que huela a sudor o a lucha por alcanzar derechos que nadie regala. Y todo este esfuerzo de imaginación, ¡no faltaría más!, en nombre del progreso.
Pues bien, yo no me lo creo, no me creo nada y si ustedes me lo permiten ya que estamos en tono coloquial y jugueteando con la escatología: ¡me cago en sus proposiciones!.
¿Desde cuando el FMI, el BM, la CEOE o el BCE piensan en los trabajadores antes de tomar decisiones macroeconómicas?. ¿Qué lecciones de modernidad pueden dar parte de los "nostálgicos" empresarios españoles?. ¿Qué contacto con la realidad pueden tener quienes la sobrevuelan: jerifaltes, politiquillos y pesebreros,  más ocupados en blanquear sus ingresos, en aprenderse el listado de paraísos fiscales o en contratar el mejor bufete de abogados del mundo, o al mafioso más avispado, para que les salve el pellejo?. ¿Dónde está la tan cacareada soberanía de los pueblos y la democracia, cuando hay que seguir las políticas que nos marcan las potencias o los diez hombres más ricos del mundo?.

Como imagino que sus estreñimientos no serán tan pertinaces me voy despidiendo, porque intuyo lo que van a hacer con la hojita, y yo sólo quería poner en común con ustedes algunas de mis inquietudes por si les podía causar un poco de malestar; ya saben, lo de la china en el zapato.
No teman, su estatus no peligra; sólo advertirles de que este pais está lleno de gentes que aspiran a ser tan sinvergüenzas como lo son ustedes y yo sé que ustedes aman la competencia,  pero sólo hasta cierto punto.
Les saluda con desgana un viejo obrero que no sabe ser otra cosa.

A los que siguen creyendo que sobran razones para convocar y apoyar cinco Huelgas Generales más como la del 29 de Septiembre. Y al Roto, que ha dicho más con un dibujo que yo con todo un discurso.

 Jaht

jueves, 18 de febrero de 2010

Abéstola

 
La misma noche que salgo para siempre de tu vida, entre expulsado y liberado, la encuentro evanescente y desvalida en plena calle, cerca de un esputo, sobre media cuartilla de apretada cuadrícula. Afectada por la húmeda neblina se distingue: borrosa, con andrajos de escritura de lápiz de color rojo, semienterrada bajo una hoja de falso platanero, la palabra abéstola. Hay algo atractivo, tal vez la fluorescencia de su pintura o lo desconocido del nombre, que me hace guardar el papel a pesar del serio noqueamiento que me obliga a patear la ciudad sin rumbo.
Sé que tú no estás mejor y te estás reprochando también el tiempo perdido y lo que ya no podrá ser; porque en quince años hemos visto juntos pasar demasiados trenes y sólo hemos tomado este último, el del adiós, el que nos deja en un apeadero que se llama realidad, frío para nosotros que hemos vivido casi siempre en las amorosas playas del sur.

Va a ser difícil volver a los sitios que alguna vez compartimos y mirar solo con dos ojos, y utilizar nuevas frases, y pronunciar otros nombres; sobre todo porque tú no podrás ayudarme en esta nueva empresa;  y yo tampoco podré endulzar tu dolorosa letanía de los primeros días:.."lo hemos dejado, Andrés y yo ya no estamos juntos".
¿Sabes?, me alegro de haberme decidido a salir corriendo porque así ni una brizna de odio me ha quedado prendida.Y también es importante, Elisa, meter en las alforjas, algo del sol de los buenos días, porque las jornadas de camino quién sabe qué nos depararán.
Te escribo en el cuadernillo que me regalaste aquel 14 de Abril, el que tiene las pastas de caucho, el de apuntes de historias posibles;  y mañana por la mañana buscaré un estanco y te mandaré la carta. La última llegó a casa de tus padres el día antes de que te escaparas conmigo. ¡Claro que ha llovido!.

Estoy en el Lobo Estepario, pero no sentado en el número que tú crees. El velador solitario y Fredo me observan, y casualmente suena Blue Seven de Sonny Rollins.Te juro que no he pedido el tema.
Y he aquí que llevo un rato con la vista perdida en este vocablo que ahora, con la tenue luz del local, parece escrito con sangre, o sea, entre marrón y negro. ¿Qué será abéstola?, y mi imaginación se pone en marcha: arbusto de hoja perenne y de alta montaña / algún ornamento sagrado que se colocan los curas antes de la estola / esencia mentolada que desprenden algunas aromáticas / herramienta, en forma de vara, que utilizan labradores y ganaderos para diferentes labores / viento marino que azota las lenguas de tierra que se adentran en el mar / equipaje de mano que se podía llevar en una diligencia / canción típica de los bolivianos del departamento de Cochabamba / catalejo especial para mirar estrellas cercanas......sea lo que sea, la pondré a vivir dentro de un cuento, no puedo dejarla tirada, hoy no aguanto más soledades.
Elisa, juega conmigo, será como el último bolero de Carlos Galván y Juanita Plaza en "El viaje a ninguna parte" y si aciertas el verdadero significado (he hecho trampas y está entre los imaginados) tu sonrisa soplará sobre la nube amarga y lloverá miel sobre nuestros recuerdos.
Me voy para una pensión que me ha buscado Alfredito, aquí cerca. Voy a dejar de escribir. ¿Sin rencores?.





Jaht

martes, 26 de mayo de 2009

El Francotirador

Te conocí hace 16 años. Eras un idealista que me reprochaba con dureza mi falta de compromiso, mi desinterés, mi escaso dinamismo y mis complejos de culpa. Fernando, recién cumplidos los 25, rebosabas vitalidad, imaginación y simpatía. Arrastrabas tras de ti una corte de jóvenes encantados, que te habíamos coronado monarca de la ilusión. Yo fui uno de tus discípulos, escéptico en un principio y radical defensor de tu doctrina a los pocos meses. Eran tiempos de poco dinero y muchas risas, de pelos largos y amor libre, de sinceridad e inocencia; convencidos como estábamos de estar creando una sociedad más justa.

Por ti me encuentro hoy aislado en esta buhardilla, disparando a ciegas mi escasa munición sobre un ejército de "personajillos", a quienes les resbalan cuerpo abajo mis proyectiles, tras chocar contra su cara de hormigón.
Pero no perdamos el hilo de la historia: Un día decidiste hacer política desde dentro, "...una cuestión estratégica", según tus palabras, y yo, pobre imbécil, seguí creyendo en ti y en tu desinteresada vocación social.

Cuando ganasteis las elecciones y "...por razones del cargo" hubiste de abandonar la ciudad, recuerdo que me dijiste al despedirnos en la estación:
-¡Animo Loco, venceremos!.

Tiempo después supe por la prensa que te habías guardado el idealismo en el bolsillo y que, algunas veces, echabas mano de él para limpiarte el sudor y algunas otras excrecencias más innobles.
Lo pasamos muy mal. Se rieron mucho de la cornamenta y las orejas de burro que nos colocaste. Algunos del grupo no consiguieron reponerse y, en un estado de fatal desorientación, consintieron en casarse por la Iglesia y bailar un pasodoble con la suegra.

Ha pasado bastante tiempo desde el "ánimo Loco, venceremos". Has salido esta noche en televisión prometiendo la Gloria Eterna a todos los desmemoriados que se atrevan a votar a tu partido; porque a pesar de todas las conjuras judeo-masónicas, vosotros continuáis siendo los poseedores de la Verdad Absoluta.
Te he visto mal Fernando: ya no sonríes, ya no convences, ya no engañas....estás "quemao".

Yo sí creo que las cosas son más fáciles (incluso de lo que parecen) y que hay que tener principios y mantenerlos. Las excusas de quien pasa de calcetines del mercadillo a mistersport de última generación, ni las creo ni me interesan.
Has de saber, cuando haya rodado tu cabeza y quieras esconderte, que en mi humilde casa hay un sitio para tí. Tengo un perchero de pitones auténticos para que cuelgues tu chaqueta; aunque las malas lenguas dicen que es de un tal Emidio Tucci.
Creo, no obstante, que vas a declinar mi oferta. Nunca te interesaron los perdedores.
¡Animo, Fernando, lo has hecho bien, con gente como tú está claro que nunca venceremos!.
A quien se sienta reflejado
Jaht

viernes, 22 de mayo de 2009

Querido Jaime

Hijo, espero que te encuentres bien. No sabes cuánto deseo que las ganas de vivir se impongan y frenen la carrera desbocada que te conducía hacia la muerte. Tu madre y yo confiamos en que la gente de ese centro de rehabilitación pueda ayudarte. Nosotros nada hemos podido hacer y sentimos una enorme sensación de impotencia e inutilidad.

Quiero que sepas, a pesar de los enfrentamientos que hemos tenido, que te comprendo. Sí, ahora, cuando he podido pensar me he dado cuenta de que tú no eres culpable. Perdóname porque en muchas ocasiones fui injusto e intentaba imponer la fuerza de unas razones inexistentes.
Creo que es bueno que hablemos. Es saludable que hagamos un repaso de cuanto ha sucedido, para sacarnos del cuerpo el miedo y la amargura y poder enfrentarnos al futuro con valentía.

Tú tenías veinte años y unos padres que estaban demasiado ocupados en las fórmulas para conseguir dinero. No nos dimos cuenta de que habías crecido. Comías, dormías en casa y trabajabas por temporadas; y nosotros, cuando nos acordábamos de tí, considerábamos que la vida transcurría normalmente y que cumplíamos con nuestro deber de padres. Tu madre incluso estaba orgullosa porque no nos causabas problemas, porque nunca protestabas y porque no se te conocían vicios mayores.

Cuando nos dijiste que querías marcharte, no lo entendimos. No nos entraba en la cabeza. Pensábamos que lo tenías todo. Bien es verdad, que por entonces el trabajo escaseaba, pero lo mismo había pasado otras veces y tú podías esperar porque nosotros podíamos darte para los gastos. ¡Qué tontería!, ¿verdad?.
Tu madre lloró mucho y yo traté de convencerte para que te quedaras, y quise saber las razones que te impulsaban a tomar esta decisión. Sólo dijiste: "No sé, tengo que marcharme", y entonces, por primera vez en muchos años, te miré a los ojos y ví una mirada triste y confusa; y me dí cuenta de que no nos conocíamos, de que nunca habíamos hablado de nosotros y de que ya no tenías siete años.

Nos costó acostumbrarnos a tu ausencia. ¡Eras nuestro único hijo!. Realmente, cuando te fuiste, caímos en la cuenta de lo poco que habíamos hecho por tí.
Pero fueron pasando los meses y nos conformamos de nuevo, llegando a la conclusión de que así es la vida y que de lo que se trata es de seguir viviendo.
Tus cartas, cada vez más distantes y con distintos remites, nos causaban desasosiego porque no había en ellas ni un gramo de ilusión. Ni siquiera sabíamos si nuestra respuesta llegaría a tus manos. Seguías buscando...

Nosotros manteníamos la esperanza y nos convencíamos el uno al otro de que en cualquier momento todo cambiaría, porque en el fondo tú eras un muchacho responsable y conocíamos a otros chicos que habían vuelto a casa o se habían estabilizado.
Cuando nos preguntaban por tí, comentábamos que te iba muy bien, que habías encontrado un buen trabajo y que de momento no habías pensado en casarte. Que no venías a visitarnos porque estabas muy atareado, pero que habíamos hablado por teléfono y habías prometido estar con nosotros unos días por Navidad. Sabes que nada de esto era cierto, y tampoco servía para acallar los rumores maliciosos en el pueblo.
Al parecer alguien te había visto por Madrid y, según él, estabas en una situación lamentable. Hablé con esta persona y fuí a buscarte, pero ya habías volado. Por entonces hacía casi un año que habías dejado de escribir. Nosotros seguíamos alimentando los anhelos con mucha imaginación y contando muchas mentiras respecto a tí; mentiras que llegábamos a creernos por la necesidad de agarrarnos a algo.

Aquella noche, al abrir la puerta y encontrarte en el umbral tan desmejorado, temblando y con sólo una bolsa de plástico por equipaje, sentí a la vez pánico y alegría. Cuando te abrazaste a nosotros con desesperación pensé que no había nada que no pudiera solucionar la fuerza del cariño.
Tu madre achacó tu mal estado a la mala alimentación y a la falta de cuidados (clásica ceguera maternal). Yo supe de inmediato que había algo más que te estaba destrozando, y cuando después de cenar me pediste dinero y saliste apresurado de casa, me convencí de que por desgracia mis temores eran ciertos. Mi hijo había caído en un pozo. Estimulado por el reencuentro llegué a creer que seríamos capaces de sacarte de él.

Luego vino lo demás: un verdadero infierno para tí y para nosotros. Tu dependencia, cada vez mayor, que en principio alimentábamos con nuestros escasos recursos; las peleas entre tu madre y yo, que teníamos distintos criterios a la hora de enfocar el tema, la falta de información, la vergüenza, el ocultismo y el desgaste físico y anímico de los tres.
No sé si recuerdas todo aquello porque tú vivías con una sola fijación y al margen de cualquier contacto o relación.
Nos refugiamos, tu madre y yo, bajo el paraguas de quienes sufrían también en este mundillo siniestro e intercambiábamos penas e incomprensiones; y cuando alguien nos decía: "Mi hijo está peor que el vuestro", nos sentíamos estúpidamente reconfortados.

Confieso avergonzado que en más de una ocasión deseé tu muerte. Y no era tan sólo un posicionamiento egoísta, también pensaba en tí y en lo mal que lo estabas pasando. Me acobardé y llegué al convencimiento de que nada se podía hacer, sólo esperar el desenlace final.
Me falló la gente ¿sabes?. Me fallaron los amigos y me caí también en tu pozo, aunque yo no necesitara la droga para seguir con los ojos abiertos en plena oscuridad. Y allí estaba a tu lado, en el fondo: sin hablarte, sin mirarte, sin tocarte, rodeado de jeringuillas y notando como cada minuto hacía un surco sobre mi piel. Envejeciendo deprisa, deseando que todo acabara cuanto antes.

Sabía que tu madre seguía dándote dinero, pero me daba todo igual. Sabía además que nos quedaba ya muy poco y que cuando se acabara se precipitarían los acontecimientos. Trabajaba como un autómata porque por suerte sólo necesitaba mis manos para realizar la labor rutinaria.

En este punto estábamos cuando apareció Miguel y habló con nosotros de la drogadicción como una enfermedad que puede curarse. Yo, en principio, no me creí nada. Fue tu madre la que hizo un último esfuerzo y, siempre de la mano de Miguel, se anduvo todo lo necesario para ingresarte en el centro en el que te encuentras.

Nos han dicho, tras dos meses, que estás mejor y un poquito de oxigeno ha entrado en nuestros pulmones.


Jaime, te queremos mucho. Haz lo posible por ponerte bien. Recuerdos de Ana, ella también te espera. ¡Ojalá que podamos estar juntos en las próximas ferias, tenemos ganas de presumir de hijo!.
Hasta pronto. Por favor, escribe. Tu padre:
Agosto.199o
Jaht

miércoles, 20 de mayo de 2009

Días de Mili

Amigo:
Te escribo desde una litera y desde una tarde parda y angustiosa. Hace un mes que nos emborrachamos juntos por última vez. Dos días después salí al encuentro de un petate y un corte de pelo. Y aquí me tienes, reducido a un número y a un manojo de impotencia.
Aquella noche, por efectos del alcohol, vimos todo de color rosa y llegamos a la conclusión de que un año cabe en un vaso de Gin-Tonic; pero la realidad es mucho más dura. Ya ves, sólo treinta días desde que agitásteis los pañuelos y tengo la impresión de haber envejecido un lustro. Esto es jodido colega; mírate bien lo de la objección de conciencia o la insumisión.

Dentro de unos días juro bandera y me darán dos semanas de permiso. Al menos eso se oye por "Radio Macuto". Podré volver a tomar unas cervezas con todos vosotros, pero tal vez tengáis que perdonarme: es posible que yo no sea ya el mismo porque me las estoy tragando muy gordas; vamos, como ruedas de molino. Esto dejará huella.
No quisiera alarmarte pero ya sabes que nunca muerdo las verdades, por eso me revienta tanto esta situación y por eso estoy arrestado tres días en la compañía.

Hecho de menos todo, todo lo que tenía y me han quitado de un zarpazo: la moto, el río, el sol y el aire; las broncas de mi padre, las escapadas al parque con Sara y sus amigas de Madrid; incluso el trabajo: el duro trabajo del campo que tanto me fastidiaba.

Hay quien dice que esto se pasa, que luego te acostumbras, pero pienso que todos estos comentarios son palabrería barata.
Mi padre seguirá pensando que volveré hecho todo un hombre y mi madre se comerá los puños cada vez que escuche algo respecto a los accidentes de los soldaditos. Y todos estarán de acuerdo en que la mili es algo necesario e irreversible, sin pararse a pensar porqué razón ha de ser así.

A veces me pasa por la cabeza la idea de salir zumbando de aquí pero no tengo suficiente valor. Desde la ventana veo, allá a lo lejos, unos árboles que mueve el viento y una carretera que va a alguna parte. Por encima de los muros del campamento llega el ruido de la gente: niños, bocinas, nuestras mujercitas...; la vida está ahí fuera. Aquí dentro todo es de monótono color caqui.
Nunca me habías conocido tan tristón, ¿verdad?.
Todos los días hacemos lo mismo: correr al toque de diana, formar, purgarnos con el desayuno, recoger el cetme y marcar el paso durante horas. Algunas veces paramos para comer y para ser adoctrinados en estrategia militar.
Son poco innovadores estos baluartes de la Patria. Mi padre hacía prácticamente lo mismo que yo en el año 58. Si leyeran esta carta podrían acusarme de rebelión. Justamente lo que soy incapaz de hacer, porque de alguna manera (y he de reconocer su habilidad en este campo) nos castran al cruzar la verja.

Me ayuda mucho poder contar contigo, también escribo a mi madre, pero de otra manera, no quiero que ella se preocupe demasiado.

Imagino que ya estaréis en plena faena. Cuando estés sudando, por cada pelo un chorro, y pienses que los rayos de sol van a terminar por taladrarte el cráneo, no olvides que hay cosas peores y que yo envidio tu situación.

A las dos semanas de estar aquí vino a verme Luisa, sabes a quien me refiero ¿verdad. Sí, esa chica tan bonita que veranea en el pueblo. Estuvo muy simpática y aunque yo estuve un poco soso y avergonzado, quedamos en vernos; pero no me atrevo a llamarla por teléfono porque ella, tal vez, sólo lo dijo por cumplir. Espero verla en el pueblo, durante el permiso.

Rafa, cuando te cuenten lo del bromuro en las comidas, no te creas nada; al meno conmigo no funciona, y además las revistas eróticas que circulan por la compañía empeoran el desolador panorama de tíos salidos como monos.

Aquí hay gente de todo tipo, ¡no te puedes imaginar!. Los pocos veteranos, que ejercen de instructores, y son sólo unos meses mayores que nosotros, parecen nuestros padres y, salvo honrosas excepciones, son autoritarios y pelotilleros. Los reclutas cumplimos día a día con nuestro papel de temeroso rebaño uniformado y los mandos emplean parte de su jornada en dirigir las operaciones desde el bar de oficiales y suboficiales. Todos juntos formamos el "glorioso ejército español".

No sé porqué te cuento tantas cosas, si nos vamos a encontrar dentro de quince días, pero me hace bien charlar contigo. Prometo no darte la paliza hablando de tenientes, capitanes, servicios de cocina, etc... Espero que me destinen más cerca de vosotros para sentirme protegido.
Te dejo para abrazarme a una fregona y conseguir que 400 metros cuadrados de terrazo queden como los chorros del oro, con sólo un cubo de agua.

Saluda a los amigos y a Sara. Un abrazo, Rafa.

Ciudadano Cero. Junio 1992
Jaht

lunes, 11 de mayo de 2009

Niño Jornalero

Hijo:
Nos han dicho que serás un niño. Sí, tú vas a ser un hombrecito y yo, el que te escribe, soy tu padre, que no he podido aguantar la tentación de contarte lo que siento hoy; aunque pasará mucho tiempo antes de que entiendas mis palabras.
Hace ocho meses que estás creciendo dentro del regazo de la mujer que quiero y de verdad que estoy deseando verte la cara. Y estoy ansioso por saber si traes el pan debajo del brazo, porque falta nos hace. Bueno, esto último es una broma, pero tiene algo que ver con todo lo que voy a decirte. Aquí fuera no está la cosa nada fácil. Si tú pudieras comprender lo que pasa y decidir, seguro que te lo pensarías.

Vamos a llamarte Rubén, no sé si te gustará, yo creo que no suena mal, ¿verdad?. Bueno, Rubén, debes saber que tienes una hermanita de cuatro años y no hace más que repetirme que soy tonto por escribir a un niño que aún no ha nacido, que lo que debería hacer sería llamarte por teléfono. Aprovecha el mes que te queda para coger peso, para que así tu madre y yo podamos luego presumir. Tu madre se queja porque dice que le das muchas patadas y puñetazos, pero no te preocupes porque también se quejaría si te estuvieras quietecito, y es que se ponen muy nerviosas y caprichosas cuando están embarazadas. Es otra de las poderosas razones que tengo para desear que salgas pronto a la luz, ya que los antojos de tu madre me traen de cabeza.

Voy a ponerme un poco más serio pues si no vas a pensar que tienes un padre de feria. Rubén, es importante que sepas que vas a nacer en el seno de una familia pobre. Ser pobre aquí fuera significa andar corriendo todo el tiempo tras la comida y el techo. No siempre es trágico, a veces, cuando has conseguido un poco de dinero te sientes bien y se te olvidan las penas. Dicen que los ricos sufren más porque han de estar constantemente pendientes del capital, y eso, al parecer quema mucho. Yo lo que sé es que todo el mundo quiere ser poderoso, y a pesar de lo mal que me caen, haré todo lo posible para que tú seas hombre de despacho y corbata.

Yo, tu padre, soy un tipo muy ignorante, pero te aseguro que soy más listo que tu madre, que esa sí es una pardilla, pero muy buena mujer y muy poco habladora. Los vecinos parece ser que nos aprecian mucho porque no causamos ningún problema y además no tenemos nada que puedan envidiarnos, como no sea la sonrisa que a mí nunca se me vuela de los labios. Tus abuelos son un poco más reguñones, pero no importa porque a la hora de la verdad son generosos y nos echan un cable.
Has de saber que muchas veces estamos a dos velas. Ya ves Rubén lo que te espera. Ten por seguro que haré todo lo posible por mejorar nuestra situación, pero si tú vinieras con un don especial nos resolverías muchos problemas en el futuro.
El mundo, que es un lugar grande, donde viven muchas personas, está muy revuelto, realmente está loco. Para que te hagas una idea: hay quien explota de tanto comer y hay quien muere de hambre. También hay hombres que mandan a otros a la guerra, que es un lugar donde se mata sin saber la razón, porque claro está, esa razón no existe.
Casi todos los individuos del planeta son mentirosos. La mentira se utiliza para engañar y obtener beneficios y los verdaderos profesionales en este campo son los políticos. Yo no quiero que tú seas político a pesar que eso pòdría rendirte muchos beneficios.
Deseo que no seas como yo; quiero que seas mejor, pero eso no dependerá de mí, ¡hay tántas cosas que influyen!. Tengo miedo de no saber educarte y de dejar en manos de otros esta labor. Hay gente muy mal intencionada que querrá dirigir tus pasos, espero estar al quite cuando sea necesario.
Todo esto negativo que te cuento sólo es una parte de la vida. Yo, en principio, te he engendrado para que corras por el campo, te bañes en el río y duermas a la sombra de un árbol arrullado por pájaros y chicharras; eso sí que es vivir. Todo lo demás es puro artificio.

Aún no te he dicho que mi nombre es Fernando, pero en tus primeros balbuceos tú me llamarás papa; que he de confesarte es un apelativo que no me hace mucha ilusión ya que me recuerda al de Roma. Pero bueno, como tú lo diras sin mala intención te perdono de antemano.
En estos momento tu madre está durmiendo enfrente de mí, sobre una hamaca, y te imagino hecho un ovillo enganchado a un cordón, como si fueras un astronauta, y flotando en la acogedora oscuridad de su vientre. Ahí dentro no se debe estar nada mal, pero seguro que hace calor. Algún día los japoneses inventarán madres con aire acondicionado en su interior.
También debes saber que soy jornalero y a los de nuestro gremio las cosas nos van muy jodidamente, por varias razones que prefiero no citarte porque se me envenena la sangre.

Rubén, tengo que dejarte. Se acabó la hora de la siesta y debo seguir trabajando. La próxima vez que hablemos será cara a cara y los dos comenzaremos a prepararnos con alegría para enfrentarnos al mundo. Para que no nos atrapen: la cobardía, la insolidaridad, la ambición, la ignorancia, los vicios sin control y el paro.
Hasta pronto. Te quiero.

A todos los hijos de todos los jornaleros (7-Septiembre-1991)
Jaht

martes, 28 de abril de 2009

Ayer fuimos marroquíes

Hace casi treinta años que cogí la maleta de madera y escapé de la Edad Media y el feudalismo para trabajar en el extranjero. Tú sabías muy bien que me ví obligado a tomar aquella decisión. Estaba harto de ser tratado peor que los perros. Tenía las manos rotas, el orgullo pisoteado y a los veinticuatro años me encontraba encarcelado en mi propia tierra, que no era mía, y en mi propio pueblo que era de cuatro.

Salí de noche junto a Tomás y Enrique, como si fuéramos fugitivos y era cierto que estábamos huyendo. Huíamos de todo y de todos y, aunque ilusionados, la verdad es que estábamos muertos de mied
o. Por suerte el miedo nos dio alas en lugar de paralizarnos. Hoy recuerdo muy claramente que tanto madre como tú intentásteis retenerme hasta el último momento y que os quedásteis llorando en la plaza del pueblo cuando arrancó el taxi que nos llevaba a Navalmoral a coger el tren.
Tú tenías entonces los años que yo tengo ahora pero estabas muy viejo. Habías trabajado tan duramente la tierra de los demás que tus pies habían echado raíces en las noches de riego y eras una prolongación sarmentosa y con boina. Tu pariente más cercano en cuanto a apariencia física bien pudo ser el olivo, y tu paciencia y conformismo no envidiaban la actitud penosa y serena del árbol centenario. Sabes que sufrí mucho al dejaros, porque aunque nunca os lo había dicho yo os quería. Nuestros largos silencios, en el campo y bajo el sol, eran prácticas telepáticas.¡Hacíamos buen equipo, padre!.

¡Cuánto tiempo ha pasado!, pero qué frescos están todos los recuerdos de aquellos días. Tomás, Enrique y yo que apenas habíamos salido del pueblo, llegamos tras dos días de viaje a una ciudad alemana de la que sólo conocíamos el nombre y eso porque iba escrito en un papel. Fue como meterse en la máquina del tiempo y trasladarse cien años por delante del presente. Retrocedimos al estado inocente de la niñez y empezamos desde cero a conocer todo y a aprender cada cosa que aparecía ante nuestros ojos sin pestañeo y que penetraba en nuestros abiertos oidos.


El trabajo para nosotros, hombres de campo y de jornadas de sol a sol, era un entretenim
iento insulso. Nos sabía a poco y por eso metíamos muchas horas por ver si el cuerpo se nos cansaba, porque nos parecía un sacrilegio ir a la cama con tanto desahogo.Eramos los primeros emigrantes y ellos necesitaban nuestros brazos para hacer y embolsar millones y millones de salchichas. Nos dimos cuenta, a medida que nos íbamos adaptando, que los trabajos más duros y desagradables los hacíamos nosotros, pero esto no nos preocupaba demasiado y lo considerábamos normal. Además todos los meses cobrábamos más de lo que nosotros hubiéramos nunca imaginado.Nos trataban bien entonces los alemanes y no digamos las alemanas. Acostumbrados al puritanismo de nuestras mujeres y a su afán por ocultar los encantos, enseguida nos dimos cuenta que habíamos llegado a Sodoma. No éramos capaces de desviar nuestros ojos de sus blancas carnes y sus tentadoras sonrisas y muy pronto, casi sin quererlo, caímos por una maravillosa cascada de desenfreno. Pero ya te conté una vez que aquello, para nuestro asombro, no nos costaba un duro. Es más nos agasajaban tanto ellas como sus padres, e incluso algunos maridos .

Todas aquellas sensaciones y descubrimientos fueron pasajeros. Los años fueron poco a poco dejando las cosas en su sitio y yo me dí cuenta que aquel no era mi lugar. Me dí cuenta que era extranjero y a pesar de que habían llegado muchos más españoles, el sol continuaba calentando poco y la intranquilidad por teneros tan lejos se me iba clavando como una astilla en el alma. Es cierto que nos veíamos una vez al año y que manteníamos correspondencia, pero esto no hacía más que aumentar mi nostalgia y todo
s los días pensaba en el regreso.
Luego me dejé arrullar por el conformismo y sacrifiqué mis ansias de volver en aras de la comodidad y del empleo seguro. Había que ser muy valiente para enfrentarse otra vez a una realidad extremeña, que seguía siendo dura, y yo había caido en una confortable cobardía. Me casé y se fueron distanciando mis vueltas a casa. Os alimenté con buenas palabras, algún dinero y fotografías de los nietos. Vosotros confesábais estar contentos por mi situación y porque todo me iba bien y me animábais diciéndome que no me preocupara, que a vosotros no os faltaba de nada y que no se puede tener todo en la vida.

Llegó el momento en que empezar
on los alemanes a mirarnos por encima del hombro. Ya no éramos aquellos que contribuyeron con su trabajo a levantar el pais. La crisis parió desempleo y nosotros nos convertimos de la noche a la mañana en intrusos e incluso en enemigos. De nada servía alegar que les habías entregado parte de tu vida, ni siquiera el que tus hijos fueran alemanes era suficiente para perder la etiqueta de usurpador. Y allí estaba yo, sin identidad, sin ningún apoyo. Allí no nos quieren ver y aquí tampoco somos ya bien recibidos. Hemos quedado troceados en estaciones de tren, en aeropuertos y en las aduanas. Y todo por buscar de comer, por comprarnos casa y coche y querer vivir con dignidad. Es tal la situación que estoy cogiendo complejo de culpabilidad, ¿habré hecho algo malo, para ser tratado así?. Tú ya no puedes contestarme padre, aunque sé que me dirías que la vida es así y que qué le vamos a hacer.
Estoy muy cansado y muy sólo. Se me vino encima toda la soledad cuando supe que te me estabas muriendo. Tuve la sensación de que tus hombros soportaban aún la mitad de mi carga y a medida que morías toda las pesadumbre se trasladaba a los míos.


Hoy he vuelto a casa y tú no has salido a recibirme. Estás en tu habitación más pálido y mejor afeitado que nunca. Ha desaparecido todo el sol que habitaba cada uno de los poros de tu piel y la luz de las velas amarillea tu figura sa
rmentosa. No voy a llorar, porque a ti no te gustaría. Sólo lamento todo el tiempo perdido, estos treinta años de ausencias, cambiando afecto por dinero y salchicas. Sin ellas: ¡Cuántas veces, padre, hubiéramos bajado al río para no hablar, y contemplando los peces y perfumándonos de saúco, hubiéramos sacado de tu petaca, hebras de tabaco!.




Del baúl de mi padre -1987- Jaht

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