sábado, 25 de julio de 2009

Estrella Roja

Salamanca, 1970.
Primeros de Noviembre, cuatro de la tarde de un sábado con olor castañas asadas, falta poco para que el Padre Ignacio dé comienzo al partido que enfrentará al Estrella Roja con el Torpedo de Moscú que, por otra parte, sólo es el anticipo de una esperadísima película del Gordo y el Flaco.
Por una esquina de esta alineación andaba el que suscribe con ganas de cincelar su nombre en los anales del seminario, no precisamente en la lista de los temerosos de Dios, si no en la de los delanteros más temidos. El resultado de aquel encuentro no debió ser tan decisivo, como hacían presumir el rigor y la seriedad de los prolegómenos, pues no lo recuerdo. Será curioso recuperar la información en ese último minuto en que dicen pasa por delante, cual moviola, todo lo vivido con pelos y señales.

De alguno de mis compañeros de juego llegan volando el nombre y sus dos apellidos, de otros sólo el nombre o sólo el apellido, tres de ellos han quedado desnombrados; así pues deduzco que estos últimos eran los más discretos y los que menos tiempo tenían el balón en sus pies; les debo una cien millonésima parte de segundo en el repaso final.
En la hazaña que protagonizamos aquella tarde, la épica no debió aparecer en suficiente cantidad para unir por siempre nuestras vidas (imagino que lo mismo les pasó a los de la "tomadura" de la Isla Perejil) pues sólo a uno he vuelto a ver, un día, con el paso de los años: mi primo A. L. B. que vino a hacerme saber que por fin había triunfado: era un ejecutivo agresivo comprador de basura (literalmente), un adelantado a su tiempo.

Lo que fue de Epifanio, Juan Bueno Paredes, Miguel Vadillo, Eugenio, Plaza, Llave y los tres tímidos (observad la posición de sus cabezas) tras cerca de cuarenta años, es un misterio para mí pero como imaginar no sólo es reconfortante, también económico, me permito el lujo:
Tirando de estadísticas puedo casi afirmar que uno de ellos, creo saber quién, tiene una orden de alejamiento de su ex-mujer a la que golpeó con un jamón piornalego; otro estará felizmente casado con su novio de toda la vida, al que conoció en el cuartel Granada 34 de Huelva; la hija del capitán del equipo es posible que sea la endiosada cirujana que te operó de almorranas; Vadillo tenía desparpajo y sinvergüencería, hoy día puede ser un constructor exitoso; en esta estampa sepia seguro que había también un futuro cura y otro guardia civil, su estrato social lo aconsejaba; y los que quedan es fácil que se dedicaran al funcionariado, a la política o a las dos cosas a la vez.
Yo, el extremo izquierdo, como ya bien sabéis intento destacar en varias áreas que desarrollan conocimientos y experiencias en el campo y en el negocio del ocio, sin olvidar la faceta científica que busca mejorar la interrelación restaurador-poseedor de euros y las variables precio-calidad; doctorados que me obligan a rechazar el interés de las universidades por mis tesis y conferencias si quiero seguir haciendo lo que realmente me gusta: poner vinos, cervezas y cafés.


¡Tanto penar para morirse uno!, que diría Serrat.

A los de la foto, que no queríamos creer entonces en las razones de Peter Pan.

Jaht

jueves, 16 de julio de 2009

Rayan

No llegaste a ver la luz del día, porque esa claridad que percibías era la del túnel que une la vida con la muerte. Te quedaste a las puertas del beso y del abrazo, del calor del sol y del aire que acaricia. El nido que te acogió durante dos semanas nada tenía que ver con el vientre cálido de la breve maternidad de Dalilah, ni con las cunitas de madera, estampadas con caballitos y con balancín que esperaban en las humildes casas de tus sufridos abuelos.
Tú, inocente copito de vida, eres la última prueba de la inexistencia del Dios justo y bondadoso que predican los tuyos y los míos; la triste constatación del hombre imperfecto y la cruel certeza de que la suerte y el destino amable huyeron siempre de los más necesitados.
Te has perdido: el amor y la guerra; la lluvia purificadora y el fuego inquisitorial; los balsámicos cuentos y la áspera realidad; el juego y el trabajo; el placer y el dolor; la pena y el júbilo.... Se te perdió la existencia, te la extraviaron. Nadie supo ayudarte a encontrar el camino de regreso.

Y al igual que hacía Saturno con sus hijos, a tí te devoran ya muertecito, los periódicos y canales de televisión. No les importa que sólo peses dos kilos y que los que te quieren corran despavoridos con una cajita blanca entre sus brazos, sin poder gritar ya porque sus gargantas están secas; desesperados, sólos y abandonados en medio de la multitud.
Dicen que eres noticia, ¡en eso te han convertido!. Hasta los reyes te mandan aviones, quieren fotos contigo antes de que traspases las verjas del limbo. Son los mismos que vierten a tu gente, a nuestros pobres, en pateras carcomidas en medio del océano, con la esperanza de ingresar divisas para forrar con oro sus palacios y las cancelas de sus fincas de recreo.
Eso también te lo has perdido Rayan: la soberbia suya y la ignorancia y estulticia nuestra que alimentan las desigualdades y el hambre con el beneplácito de todos.
¡Quién sabe!, lo mismo no eras tan cándido como imaginamos y has decidido que este mundo al que habías llegado por brutal cesárea no te interesaba y has elegido dormir para siempre al lado de tu madre; nadie ha establecido la edad de la sabiduría.


Sea lo que sea, Rayan, copito desecho de vida, nos queda de tí lo más sólido y duradero: el recuerdo. Tu padre, Mohamed, no caminará eternamente solo porque algunos te hemos conocido y apreciado. Duerme.

Rayan murió en Madrid el Lunes 13 de Julio (dos semanas después de que lo hiciera Dalilah, su madre, de veinte años) por un terrible error médico.
Jaht

miércoles, 8 de julio de 2009

Don Fernando Fernández de la Fernandera

Arrastrando su bien merecida y trabajada fama de sabio despistado, al modo en que un niño "golfete" e indolente remolcaría un juguete de madera, entró Don Fernando en el casino de la capital de la Vera siendo las doce y cuarto del mediodía.
La táctica, una vez más, había resultado: ya le esperaban el ínclito Juan Román, el mejor pintor sin duda de su pequeño pueblo y el fiel pagano.... ¡vamos, el señor este del municipio aledaño! , y no es que no queramos acordarnos de su nombre, es que el personaje que nos inspira el relato tampoco lo recuerda.
Para mí siempre será: "mi buen amigo"-solía decir el escritor (copiador para algunos)-.

Y a fe que les procesa devoción( "mi buen amigo") pues lleva meses haciéndose cargo de los aperitivos de tan ilustres autoridades del saber; faros culturales según su humilde opinión.
-Y bien, maestro Román, cómo van esas subvenciones - inquiere a modo de saludo nuestro protagonista-

-De eso precisamente quería hablarte Fernando. Necesito tu intermediación. Mi último proyecto, ya sabes la exposición de la escultora madrileña, ha topado con la insensibilidad de la secretaria del Consejero. Fíjate, no entiende la partida que se refiere a los tres mil euros para peanas. ¡Qué duro es bregar con la ignorancia y la incompetencia!. ¡Ahí, en el suelo, quieren ellos el arte y no en lo alto de un pedestal!.


-Comparto tus anhelos y me hago solidario de tus quejas, pero no desesperes. En lo que a mí respecta haré cuanto esté en mi mano - dijo, llevando la misma, armada con un palillo, a la tapa de magro más tentadora. Olvidado ya, para siempre, el lamento del "pincel verato"-

El nieto de Don Fernandazo, Fernandito fue su padre, es un hombre de su tiempo y por tanto cree en la genética, a eso atribuye su sordera intermitente y el buen estado de sus papilas degustativas y presume, como sus antecesores, de ser un estudioso de las vertientes artísticas insertas en los buenos caldos y en las delicias culinarias. Eso sí, en cantidades medidas, más próximas a la frugalidad que al hartazgo: "....la fábrica de las ideas comienza en la oficina del estómago".

-Por eso queridos amigos- pontificó- los acuerdos que mueven el mundo, las grandes decisiones, los estratosféricos contratos... pasan indefectiblemente por el lomo de una tábula bien pertrechada de cautivadoras viandas y preñada de esencias líquidas y volátiles, capaces de ablandar los más rocosos principios y dinamitar las más encastilladas voluntades.


-¡Camarero, por favor, este discurso merece otro refrigerio!; otra de lo mismo y lo anota en mi cuenta -apuntó el hombrecillo sin nombre al impertérrito cantinero, que sin necesitar de esta última precisión, ya había colocado los tres palotes al afortunado y satisfecho interlocutor de los dos artistas-

-"Mi buen amigo", ¡qué sería de nosotros los creadores, los guardianes de las milenarias costumbres y culturas sin el beneplácito de seres agradecidos y hombres de bien como usted! ...y si no es abusar de su generosidad añada a la comanda una racioncita de pulpo que tiene muy buen ver.


-¡Faltaría más, pase la orden a cocina, Sebastián!


En pláticas y "Fernandólogos" similares se hicieron las dos. Nuestro hombre recogió su portafolios y rechazando caballerosamente la última invitación se despidió de sus contertulios, más bien oyentes:


-Señores, el deber y el respeto que le tengo a mi esposa me reclaman. En mi casa, en el templo de mi familia, la mesa comienza a servirse a las catorce treinta. Sólo una vez en los últimos veinticinco años, el día de la muerte de mi madre, nos hemos saltado dicho precepto. Siento privarles de mi presencia. ¡Au revoir! -y salió precipitadamente haciendo una graciosa inclinación de cabeza-

Huelga decir que en su faldriquera tintineaban las mismas monedillas de la mañana, alegres por continuar juntas, cultivando ya una larga y cálida amistad.


Lo que cuento tuvo lugar instantes antes de que el barman del rostro impenetrable, el marido de la modelo, tomara esta instantánea de Don Fernando en situación más que apurada.



Gracias a Helmut Newton por su colaboración
Jaht

miércoles, 1 de julio de 2009

Buenos Aires. Principio y fin de siglo.






Freddy Flores:


Y Freddy aparece en Buenos Aires para comenzar el primer día del resto de su vida. Una vida que aspira a mejorar. Es joven, tiene fuerzas y ganas de luchar por los suyos, los que quedaron allá en aquella tierra ingrata y estéril que no da pan a sus hijos.
No importa que su primera aproximación al extrarradio bonaerense sea una triste incursión en un garito en el que la grasa está instalada como elemento arquitectónico. No importa que arrastre los grilletes de la ilegalidad que le condenan a ser persona de categoría inferior. Cuentan que algunos paisanos suyos hicieron plata, y mucha, en Buenos Aires. El, será uno de ellos. El, alcanzará la meta de la dignidad y cuando reclame a su familia habitarán un adosado y a su mujer la llamarán doña Charito.

Enrique:

La vida es dura, también para Enrique, el jefe. Amarrado a su parrilla, aguantando los salivazos de bilis de parte de la clientela. Está cansado, tiene ganas de salir corriendo pero aún le quedan unos años para poderse retirar y la situación de emergencia de la nación no invita a heroicidades. Sabe muy bien lo que está pasando, se veía venir. Algunas cigarras flotan ya calle abajo, las hormiguitas como él guardaron para un invierno largo y nadie va a arrebatarle lo que es suyo.

Rosa:

Y entre los embates del mar embravecido, caminando sobre las aguas, viene Rosa, la frágil mujer envuelta en pétalos de acero. También sobrenada las inmundicias, los desamores, la soledad....pero todo deja marcas; algunas forman pulseras en sus muñecas.
Ejerce de todo lo que no es: madre, amante, amiga...Demasiado equipaje para un alma transida.

"El Oso":

Atraídos por el olor de la fritanga, como polillas suicidas, no se despegan del bar clientes como "El Oso", taxista pendenciero que manotea desesperadamente para no hundirse con su crisis económica y personal. Huraño y desesperado, El Oso, no encuentra salida a su situación, dentro de nada será uno de esos insectos cantarines que Enrique ve bajar calle abajo. Paga su mal humor con todos y su crédito se ha agotado.

Coda:

Sólo hay algo más inquietante que el propio antro, recinto convertido en reloj de arena, es la lúgubre calle donde se desgranan los perdedores cuando baja el cierre el local de la parrilla.



Adrián Caetano dibujó en el otoño del 2002 su película Bolivia, en la pantalla del Cine Avenida (Cineclub El Gallinero), con lápiz negro y con tinta caliente de las Venas Abiertas de América Latina.



Jaht

viernes, 26 de junio de 2009

Cecilia


M
ientras yo me afanaba, recién llegado el 26 de Junio, en hacer creer a tu hermanito Ismael que un ciempiés, sin zapatos ni calcetines, cosquilleaba su espalda, y que esas caricias se convertían en colibríes enanos que, divertidos, tiraban de sus pestañas invitándole a dormir; tú, Cecilia, entrabas en nuestras vidas a través del teléfono de la abuela Rocío que nos radiaba tu aparición tras un cristal.


Ibas a venir dentro de seis días pero has decidido adelantar tu viaje y bien que te lo agradecerá tu madre, la pobre, que en estos primeros días del verano cortaba el aire denso a machetazos para que tú respiraras partículas frescas y ligeras.


Me dice la abuela que eres muy bonita, con la piel sonrosada, rubieta, la carita redonda y que agarras el dedo de tu padre como si quisieras incorporarte y salir corriendo del hospital. No te impacientes Cecilia que todo se andará.
Como sé que no os dan al nacer libro de instrucciones, que tampoco estaría de más, el que te escribe, que como buen abuelo es un poco "pesao" con esto de los consejos, te pone sobre aviso:

  • Cecilia, la vida hay que beberla a sorbitos y saborearla, nada de atragantarse.
  • El amor, el que damos y recibimos, es el fuego que nos calienta. Sin él, los seres humanos se transforman en estatuas de hielo que caminan.
  • El mundo es muy grande y no todos los niñ@s tienen tu suerte. En algunos sitios, por desgracia, es imposible que traigan algo bajo el brazo. No nos importa que hayas perdido tu pan, pero no olvides la conciencia.
  • Los que te queremos y te esperamos, Cecilia, no somos mala gente pero seguro que nos harás mejores.
  • Ese niño tan guapo que mañana te cogerá la manita y te mirará con timidez es tu hermano. Los dos estáis en el mismo camino y los dos váis al mismo sitio. Permaneced juntos.
  • La Vera, no está mal para crecer, aunque algunos de tus vecinos están empeñados en empeorarla. Ya nos ayudarás tú a evitarlo.
Y como no quiero que me confundas con el Cebolleta del Pulgarcito ya me callo.

Te imagino satisfecha tras haber encontrado el tibio pecho de mamá Silvia. Luego habrás subido a tu nube de algodón, te habrán acunado al mismo compás de las olas del cálido mar en que has navegado nueve meses y habrás soñado que duermes bajo árboles que abrazan, a la orilla de ríos de leche, deseando que llegue el día para ver en qué isla paradisíaca has desembarcado.

Y mira por donde la tecnología, que algo bueno había de tener, te trae con nosotros y te acerca a tu hermano que esperó como un hombrecito para darte un beso y un regalo.

¡Felices sueños mi niña y dulce despertar
! Jaht

Para Silvia y Luismi por hacernos más jovenes y más abuelos y para Ismael que seguirá siendo por siempre príncipe republicano.

miércoles, 24 de junio de 2009

Selena


Selena, quién diría que hace unas horas flotabas como un buzo antiguo o un cosmonauta moderno, y enanito, dentro del vientre de tu madre. ¡Ya estás aquí!, la espera ha merecido la pena; y ahora a lo tuyo: a ensanchar los pulmones, a gritar y a descargar energías, que nueve meses de paz interior recargan mucho las pilas.
Veo que traes los ojos abiertos; tienes ganas de aprender deprisa y nos vendrá muy bien tu sabiduría porque aunque tengas la impresión de haber aterrizado en un mundo de seres inteligentes, a lo más que llegamos es a “listillos” y así nos va.
De momento tú vas a ser una niña muy afortunada porque estás rodeada de gente que te quiere y que va a procurar que no te falte de nada. Incluso los que vivimos lejos, en Extremadura, encauzaremos juntos nuestros mejores deseos y te los enviaremos a lomos de una cigüeña, de confianza, que los descargará sobre el tejado de tu casa. Tú sólo vas a notar una ligera y fresca brisa en tu mejilla, pero detrás estamos chistando discretamente, con un dedo sobre los labios: tíos, primos y abuelos.

Aunque nos pasamos la vida, los veteranos, los que llevamos mucho tiempo aquí, diciendo que luchamos por un mundo mejor, lo cierto es que no lo estamos haciendo demasiado bien y quedan muchas cosas por arreglar; casi todas. ¡Pero quién soy yo para pasear, en un día como hoy, una sola nube gris sobre tu cabecita!
Precisamente tu nacimiento y el de los otros 250.000 niñ@s de este 23 de Junio son nuestra mayor esperanza, porque en algún momento habrá un cambio de conciencias que coincidirá con la llegada de seres nuevos y generosos, entonces: el sol alumbrará más que nunca, sin quemar; los ríos recuperarán peces y aguas cristalinas; los árboles volverán a ser reyes y sus poderosas raíces convertirán en tierra fértil estructuras de hormigón; el aire volverá a ser invisible y las etéreas fragancias, de colores; la nieve caerá empapada en sabores de fruta y el mar y las montañas volverán a ser únicas moradas de los dioses, demasiado problemáticos para vivir entre los hombres sencillos.

El haber nacido en el día más largo del año os da un plus de credibilidad, pues la intensa luz, tal vez posibilite que quede encendido un rincón de sol en vuestras cabezas; y estamos faltos de personas clarividentes.

También sabrás, Selena, que muchas culturas consideran mágica esta noche del solsticio de verano, tu primera noche, la noche en que aún no has cumplido un día, la noche de San Juan, la noche que te corona reina y diosa de tu casa. La noche en que la Luna, más ligera que nunca, pasea arrastrando con elegancia un manto de estrellas; algunas caen como polvo de oro: marcan tímidamente tus cejas, dan brillo a tus labios y untan tu naricita. ¡Bienvenida!


A los padres, abuelos y tía más ilusionados del mundo:Juanito, Genoveva, Yiyi, Eva y Amaya.
Suerte para convertir a una diosa en buena persona.





Jaht

lunes, 15 de junio de 2009

Soledad


En el rincón más escondido del bar lloro tu ausencia. Las luces están sobre el escenario. Nadie me ve.

En este mismo bar, en este mismo rincón, tropezamos hace dos años; tan fuerte, que quedamos encajados el uno en el otro.
Ese fantástico día, cuando ya de amanecida se pinchó la nube de Gin-Tonic en que flotaba, pude reafirmarme en que aquel encontronazo había sido más que afortunado. Tan afortunado que sentí miedo de no estar a la altura y a punto estuve de salir corriendo de tu casa.
Estabas dormida, pero en cada centímetro de tu carne la vida se agitaba. Respirabas imperceptiblemente y el aire viciado de la habitación, al discurrir por el filtro de tu cuerpo, se limpiaba y volvía aparecer transformado en hechizante perfume, que emanaba de las diminutas perlas líquidas que asomaban por los poros de tu piel.
Esta vez recordé el nombre sin tener que registrar el bolso. Siempre bromeabas con el poco mérito de este alarde memorístico:
- Demasiado sencillo, Martín.... Y yo: ¡que no, que me hubiera acordado aunque te llamaras Edelmira!

Sé que ha merecido mucho la pena, que debería ser agradecido, pero no puedo evitar querer más. ¿Qué comen los dioses cuando se acaba la ambrosía?.

Está claro que el amor, este del que se encargan Eros o Cupido, nos convierte en unos putos egoístas. Te das cuenta cuando vuelves a posar los pies en la tierra y ves con otros ojos todo cuanto te rodea. Ahora creo que no nos hizo mejores, simplemente nos embriagó; y esta vez el despertar ha sido cruelmente amargo.
Si estuvieras aquí me dirías como tantas veces:
-¡Ay, Martín!, la filosófica ginebra vuelve a hablar por tu boca. ¡Me encantan tus tristes tonterías!

Aquella noche, 28 de Noviembre como hoy, también tocaba A Contra Blues y decidimos hacer nuestro uno de los temas que la cómplice y sedosa voz de Jonathan nos regalaba. Hoy, esas canciones te devuelven a mí pero no puedo tocarte; esa imposibilidad me está matando.
Estoy muy lúcido... y borracho: es la única manera de combatir la rigidez de los músculos de la garganta, curiosamente he de seguir tragando para no ahogarme con mis hipidos. En mi pecho vacío se está formando una dolorosa bomba de angustia, que cuando estalle ha de encontrar una salida.
Sigo bebiendo. Sigo llorando.

Siempre dijimos que cuando tuviéramos una niña la llamaríamos Georgia para no olvidar nunca que nos abrazamos por primera vez al abrigo de aquella vieja y dulce canción. Sigo en el rincón más oscuro del bar, me he escondido bajo una mesa mientras suena nuestro tema, te prometí que nadie me vería llorar tu muerte.
Te quiero María.




"No hay paz, no encuentro paz
Solo esta vieja y dulce canción
Georgia seguirá por siempre en mi mente
Como una vieja y dulce canción
Georgia seguirá por siempre en mi mente".

Para Jonathan y A Contra Blues.
Seguid en el camino, sin atajos.

Jaht

miércoles, 10 de junio de 2009

Los Olvidados



El hombre fue culpable por no mentir, por decir lo que pensaba y no gritar los ¡vivas! en que no creía. Por no comulgar.
Ya tenía ganas de irse. Ellos temblaban más que él y recogían las balas mezcladas con tierra húmeda de las orillas del Jerte: ¡vaya cosecha de vencedores!.
Cándida, su mujer, hacía un año que se había dejado morir: dos hijos desaparecidos dejan un agujero en el pecho y el alma ni siquiera se eleva, cae a los pies, y frágil e indolora, se rompe bajo la sandalia.
Miró a lo lejos y se dijo:"He vivido demasiado, ya sólo me queda morir dignamente" .....y dió la orden al pelotón:
-"¡Viva la República!".


Hace tres días, antes de los lúgubres aldabonazos de medianoche, la vida de Margarita saltaba por encima de miedos y pesares. Tampoco esperaba grandes cosas de 1937, pero el tiempo ayudaría a restañar viejas heridas y aunque nada volvería a ser lo mismo, alguna vez se impondría la cordura.
Siempre había sido una mujer animosa y valiente. Ahora los nuevos tiempos imponían prudencia, que no había sido nunca una de sus virtudes, al menos a los ojos de algunos vecinos del pueblo. Pero Marga, mujer franca y directa, nunca había tenido enemigos; creía ella. La frescura no era precisamente un defecto, ¿verdad?.

Por eso la sobresaltaron los golpes, que la sacaron del sueño profundo al que ahora, setenta horas después, estaba tal vez condenada a volver.
Ya no chillaba: -¡Esto es un error!-; -¡Llamad, ahora mismo, a Sebastián!-; -¡Te vas a enterar Agapito!
Ya ni siquiera lloraba, ni se tiraba de los cabellos.... Estaba seca y en su cabeza no habían dejado un sólo pelo. Desnuda y tras hacerla tragar un litro de aceite de ricino la habían paseado por el pueblo con un cartel que decía: "Soy una guarra y me cago de gusto"
¡Cómo se reían los niños!. Hasta el de Encarna, su mejor amiga, que hace una semana la llamaba tita.
¿Porqué eran tan crueles?. ¿Por qué no la dejaban descansar?.
Ya se lo había dicho todo: Ella, cuando se enamoraba, se entregaba en cuerpo y alma y no preguntaba nada a sus hombres. Sebas era maestro en Plasencia y era su amigo, ¡sólo eso!

Era Noviembre, con las manos atadas a la espalda la situaron, aún desnuda, encima de un bidón en la balconada del Ayuntamiento para que el que quisiera lanzara sobre ella erizos de castaña o cagajones. Afortunadamente la altura permitió que acabara la fiesta. Al saltar sorpresivamente al vacío Marga se rompió el cuello contra el suelo.




























¡Dejad en paz a mi hijo!.
No ha cumplido aún los dieciocho años. Ha subido a la sierra para traerme pan. Yo he perdido la guerra; él,¡NO!.
Don Jesús, el suyo es de la misma edad, eran amigos.
¡Déjele vivir!


Dedicado a Francisco Cedenilla (escultor) y los que apoyaron la idea.
Nunca imaginaron que la inmortalidad de su obra se vería subrayada, una vez más, por la sin razón de las balas.

Jaht

jueves, 4 de junio de 2009

¡Oiga, por favor!

Voy a retroceder para mirar desde lejos. Necesito más perspectiva. Para no cansaros, y para no secarme, espaciaré mis entradas. Me prometo a mí mismo hacer al menos una semanal. A no ser que una gran aclamación de sedientos me obligue a acarrear el botijo más a menudo.

Yo tampoco sé si soy Sin
hué o es que estoy conversando con él. Lo único cierto es que se aproxima el verano y mi otro yo ha de coger la bandeja y correr por entre las mesas de terraza para ganarse la vida: "Buenas tardes, ¿os pongo algo para beber mientras miráis la carta?".

Por cierto, se me acaba de ocurrir, aprovecharé la temporada para dar voz a uno de los colectivos más puteados y ninguneados del panorama laboral de nuestros días. ¡Ya os contaré!.


Mientras me alejo voy ensayando la letanía: ¿Ha elegido ya el señor?. ¿Las angulas estaban de su gusto?. ¿A qué temperatura tomarán el vino?. Sinceramente: ¡el cochinillo de nuestro chef no tiene
parangón!. La señora, si se me permite decirlo, está más espléndida aún que el año pasado. Tu pequeño, Encarnita, sigue siendo un diablillo. La toilette a la derecha. Al café corto, en vaso alto, con leche templada, sacarina, dos cubitos de hielo, un absorvente y sin platillo; ¿le pongo también un chispazo de anís don Ramón?... Os permito que hagáis vosotros la traslación o traducción a lenguaje popular.

A todos los camareros. Incluso a los bordes.
Jaht

miércoles, 3 de junio de 2009

¡Un día es un Día!


La foto está tomada, a juzgar por la vestimenta y por la cesta de coger cerezas que cuelga del naranjo, en el paso de la primavera al verano de hace 55 años. En ella, parte de la familia del que suscribe, que aún no había nacido, hace un alto en la comida que no se presume demasiado copiosa. Tres generaciones de garganteños posan para la posteridad. Ninguno de ellos pensó entonces que ese momento quedaría congelado y vivo para siempre.

Probablemente algún fotógrafo ambulante, al estar próximas las fiestas de Santa Isabel y su Prima, pasó por el pueblo y propuso a la familia, que comía en el corral abierto, hacerles un retrato; tal vez a cambio de sentarse con ellos en la mesa de troncos y compartir el gazpacho, el pan de centeno, el vinillo de pitarra, las "pico limón" y el agua fresquita de la fuente del Chorrillo. Y le dirían: "siéntese buen hombre que donde comen dieciseis pueden hacerlo diecisiete. Y usted de donde es...."

El hombre con boina que preside la mesa, marido de la mujer de luto de su izquierda (no hace aún tres años de la muerte de su padre) ha buscado a su fiel perrita para que no se pierda el acontecimiento. La chiquilla del primer plano, parte derecha, posa con su culín de agua cual si fuera una actriz parisina rematando su medida habitual de pastís marsellés; mientras que el angelito de la izquierda abre la boca al ver que el hombre de bigote se ha agachado y escondido tras una cortina negra, ¡seguro que les da un susto!.
La camisa blanca de Pedro ( el joven con boina más próximo) y los vestidos claros y floreados de algunas féminas nos inclinan a pensar que ese luminoso día era Domingo o día festivo.
Todos, hasta los que disimulan, son conscientes de que algo mágico va a suceder. Todos salvo Victor, que con poco más de un año acaba de descubrir que en el monedero de su madre sólo hay botones, lacitos y horquillas.

La alambrada de la parte trasera sirve para parar a un ejercito de gallinas que no les hubiera dejado comer en paz. Luego, cuando pase la hora de la postura, las dejarán que se busquen la vida por las cuadras, callejones y demás sitios sucios de la villa.
Cuando se haya roto el orden estético impuesto por el artista que, por cierto, trabaja encorvado en una situación bastante ridícula, los niños también se perderán dando gritos por las calles enrolladas del pueblo, los mocitos se irán a bañar, las mujeres se encargarán de recoger y los hombres alargarán la sobremesa con un poco más de ungüento peleón porque : ¡Un día es un día!.


A mi tía Dionisia, la más guapa de la foto.
Jaht

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